23/08/2017
Sobrevivientes o resucitados y mi día del niño
Me gustan los trenes. Me gustan porque, para mí, tienen olor y sonido a infancia.
En mi país, con el correr del tiempo, kilómetros de vías quedaron silenciados. Al igual que la infancia, muchos trenes quedaron sólo en el recuerdo. Muchos murieron, unos pocos sobrevivieron por ahí, aislados, ya sin la majestuosidad ni función de otros tiempos, transitando rieles como con vergüenza.
Pero será que nos gusta recordar y recordarlos, porque en Argentina existe una “resistencia” que salpica el territorio, compuesta por un puñado de trenes (15 para ser más exactos) con recorridos más modestos, que van contra el tiempo y la realidad. Son los sobrevivientes o resucitados trenes que, ahora, cumplen una función turística.
Uno de ellos es el Tren Histórico de Villa Elisa, en la provincia de Entre Ríos. Un trencito que hace un par de años fue revivido por algunos que no se resignaron a que los trenes de su infancia, de su adolescencia, de su adultez, o de su vida, sean sólo recuerdo: los integrantes del Ferroclub de la ciudad.
Este trencito pequeño, de apenas dos vagones, verde; es despertado todos los domingos al mediodía para salir, con alrededor de 50 personas a bordo, a las 13.30 en punto de la estación de Villa Elisa.
La partida, precedida por el sonido de la campana de la estación, empieza tímida aunque con la distancia, ya con confianza, avanza por los campos entrerrianos a lo largo de más de 30 kilómetros, hasta la localidad de Caseros, desde donde emprende la vuelta al atardecer.
Desandando el camino, su sombra se proyecta sobre los campos y el trencito se agiganta. Yo sé que es un objeto, pero imagino que, como yo (que ese domingo, día del niño, fui una de las 50 personas a bordo), está contento.
Esa tarde sus pasajeros no se habrán dado cuenta que me emocioné casi hasta las lágrimas, como tampoco se habrán enterado que fue el mejor día del niño, desde que, física y cronológicamente dejé de serlo.
Me gusta el nombre que le pusieron al trencito. Los trenes, como el de Villa Elisa, más que turísticos, son históricos, porque nos cuentan a todos lo que fue y nos recuerdan a algunos lo que fuimos.