02/03/2026
La luz entra a empujones, sin permiso, marca un tiempo que nadie ha pedido.
No hay dentro ni fuera: hay líneas que aprenden a pensar por nosotros, a ordenar el paso, a ensayar una forma de estar, de ser.
Quizá la reja no esté ahí para encerrar, sino para que olvidemos y eso si, con toda naturalidad, que también caminamos en fila, obedientes.
De un lado se avanza creyéndose suelto, del otro se mira creyéndose observador ajeno, y en esa confusión el hierro se vuelve el verdadero espectador: observa cuerpos que pasan a rayas, a pedazos, mientras un mundo los desea enteros, los exige completos, los obliga a juntarse los pedazos y ocultar las cicatrices en trajes y vestuarios completos.
Ph: “La reja”
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