31/07/2021
103 DÍAS DE ESTALLIDO SOCIAL
A tres meses del paro nacional que inició en abril el panorama no parece mejorar. Decenas de personas, jóvenes en su mayoría siguen saliendo a las calles a manifestarse, exigiendo les sea otorgado aquello que les corresponde y les ha sido arrebatado durante años de historia colombiana por un estado cómplice, que se burla frente a sus narices y se hace el de la vista ciega ante la trama de injusticias que se viven día con día.
103 días han pasado desde que se produjo un despertar colectivo, aquello a lo que hemos decidido llamar estallido social, histórico, por demás está decir, y sin embargo, como si se tratara de un evento de ficción en la ciudad de Pasto hemos visto triunfar la violencia perpetrada por miembros de la fuerza pública, en cabeza claro, de un alcalde que se niega a bajar la guardia y un gabinete absorto en sus labores, incapaz de cuestionar las decisiones de la cabeza al mando. Bajo un estado de ceguera consciente, dicho alcalde ha permitido que se cometan todo tipo de atropellos hacia quienes ejercen el derecho legítimo a la protesta social y también hacia quienes de manera voluntaria han decidido proteger la integridad de los y las manifestantes bajo las figuras de primeros auxilios, defensores y defensoras de derechos humanos y medios de prensa, sin quienes las noches de los miércoles se tornarían aún más desoladoras e inciertas.
A propósito, Eduardo Galeano menciono “Creo que hay que pelear contra el miedo, que se debe asumir que la vida es peligrosa y que eso es lo bueno que la vida tiene para que no se convierta en un mortal aburrimiento”, y durante estas semanas esta parece ser la consigna bajo la cual las calles se levantan y resisten, ante el miedo, las muestras desmedidas de violencia y la zozobra.
¿Hacia dónde estamos yendo? Nos preguntamos ahora, en medio de la agitación y la sensación de que todo puede cambiar, porque hemos descubierto no solo de que estamos hechos sino también de que esta hecho el enemigo, un enemigo que no elegimos, que nos fue asignado arbitrariamente, un enemigo a sueldo, autorizado para amedrentar, violentar y silenciar, tres formas de huir a la verdad.
Y aunque el panorama sigue siendo desalentador, más allá de las dudas se asoma la sensación de que el cambio es inminente e imparable, que la resistencia colectiva ha logrado incomodar y poner en evidencia las injusticias, desigualdades, arbitrariedades cometidas por el estado.
Por: Karol Guerrero
Ph: quemalafoto_profe