26/01/2022
🤗🤗🤗 Excelente!!
En las fauses del coloso.
Es como si nos hubiésemos adentrado en la boca de un gran dragón, se sentía miedo en el ambiente, gigantescas rocas daban la forma de enormes y filosos dientes, el peligro al acecho, un respiro de este gigante nos haría polvo al instante. Pero allí estábamos, los valientes familiares de los jóvenes perdidos motivados por la fe, e invencibles por la esperanza de encontrar a sus seres queridos y yo humildemente alentado por la empatía y admiración al precenciar el valor del vínculo familiar, capaz de hacerte escalar gigantescas montañas.
Un objetivo claro, era la luz que iluminó nuestro camino ante la espesa niebla, ni el cansancio, el frío o las filosas rocas fueron suficientes para apagar ese fuego ardiente de los corazones de estos entusiastas caminantes.
El medio día apenas distinguible ante la feroz neblina era la señal que indicaría el inicio del descenso, el tedioso caminar sobre un musgo tramposo, neblina escalofriante y hasta una cariñosa granizada, hizo que el retorno se alargara con cada desconfiado paso hacia un añorado campamento base. Y sí, le dimos la vuelta al volcán, nuestra labor de búsqueda siempre permanecía activa.
En el reencuentro con los demás voluntarios en el campamento base experimentariamos los minutos más extraños del día, el silencio era atemorizante, las miradas bajas de los demás valientes exploradores se sentían como puñetazos en el alma. De repente el ruido rasgado y borroso de un radiotelefono fue el protagonista de la emoción colectiva más estremecedora que he podido presenciar. "Los encontraron!, los encontraron y están vivos!" Fue el sonido entrecortado más alentador que escuchamos, la euforia y alegría que sentimos los cerca de 150 exploradores será un evento que quedará incrustado en nuestros corazones por siempre.
Imagen de los familiares de los jóvenes desaparecidos, caminando sobre el valle de los 3 domos de la cima del volcán Doña Juana.
Fotografía: Mateo Erazo
Relato: Mateo Erazo