04/10/2026
Hay lugares donde uno llega y siente que tiene que bajar la voz. Es lo que me han dicho de las lagunas en los páramos.
Por este camino, saliendo de San José de Las Hermosas y buscando el paso hacia el Valle, el paisaje va cambiando poco a poco. El bosque se acaba, aparecen los frailejones y uno entiende que ya está entrando al páramo.
Y por aquí están Las Mellizas.
Dos lagunas que, además de ser parte de este paisaje, también han quedado metidas en la memoria de quienes durante generaciones han recorrido estas montañas.
Porque los abuelos cuentan que con las lagunas hay que tener respeto.
Dicen que si uno pasa haciendo ruido, gritando o molestando el lugar, las lagunas se enfurecen: el cielo comienza a cerrarse, llega la neblina y hasta puede caer la lluvia.
Y aquí comienza otra de esas historias que uno escucha de los mayores.
Cuentan los habitantes de la región que hubo viajeros que emprendieron este camino desde Las Hermosas rumbo al Valle y nunca llegaron.
No se habla simplemente de que se perdieron.
La historia que ha quedado en la memoria de algunos campesinos es que fueron sorprendidos por las fieras que habitaban estas montañas y que terminaron siendo devorados.
Mi propio papá qué fue mi primer guía en este Páramo me ha contado relatos de esas historias, y también las he escuchado de otras personas de la región.
No tengo las fechas ni todos los nombres para decirles exactamente cuándo ocurrió.
Pero así es como muchas historias de nuestras montañas han llegado hasta nosotros: de boca en boca, de padres a hijos, mientras se trabaja, se camina o se conversa al calor de una cocina, o cuando no había energía y se hablaba rodeando la vela 🕯️
Y quién sabe qué animales habrán habitado estos caminos en aquellos tiempos.
Lo cierto es que este páramo nunca ha estado vacío.
Aquí hay vida por todas partes.
Entre la neblina, el agua y los frailejones, también habitan especies que forman parte de la diversidad de estas montañas.
Y hablando de frailejones, hay algo que a veces olvidamos.
Uno puede verlos simplemente como esas plantas bonitas que aparecen en las fotografías cuando llegamos al páramo.
Pero detrás de cada frailejón hay una historia mucho más grande: la del agua, la biodiversidad y la vida que este ecosistema sostiene. Y no debes tocarlos.
Por eso, cuando uno llega hasta una laguna en un Páramo, está entrando a un territorio donde la naturaleza y las historias de nuestros abuelos todavía se encuentran.
Un lugar donde una nube puede llegar de repente, donde el silencio parece tener otro sonido y donde todavía hay relatos que no aparecen en ningún libro.
Y ahora quiero preguntarle a usted:
¿Qué ha escuchado sobre Las lagunas en el Páramo ?
¿Le contaron alguna historia sobre estas lagunas?
¿Conoció a alguien que haya recorrido estos caminos?
Cuéntenos lo que sabe.
Porque de pronto, entre todos, todavía podemos reconstruir una historia que lleva muchos años caminando de boca en boca por estas montañas.