04/03/2026
Firme, como el DAS.
El vale llegó con un casco azul agua marina, algo poco común entre la monocromía usual de los mototaxistas, ya que, como es fácil constatar, la mayoría, por no decir todos, se trajean de negro, buscando de alguna manera que el sol rebote y no les consuma la piel. Cosa que no tiene sentido, pues, es bien sabido, que el negro, a diferencia del blanco, absorbe calor, es decir, luz. Pero ajá, la cultura popular posee sus propias leyes de la física. Cuando ve que la ruta llega al Pie de la Popa, me pregunta: ¿por dónde entro, por la Kia? Asumiendo que esa bajada es contravía, hice silencio estampa.
Dobla por el mercado y suelta un: nojoda, esto está vacío. Y sí, la sorpresa fue compartida, no existe nada más inusual en Cartagena que ver el mercado despejado entre las 7 y 8 de la mañana. El vale empieza a elucubrar: ¿será porque es día sin carro?¿o será porque la gente salió mucho el fin de semana y quedó con flojera? Se lanzó un par de especulaciones más, y siguió con su camino hacia la Pedro de Heredia.
Justo antes noté una vaina llamativa: el vale tenía pegado un sobre de miel en uno de los espejos. En un momento se despegó un poquito, y con mucha destreza volvió a acomodarlo. Compa, le pregunto ¿y esa miel qué?. Ah, paisano, es que me comí una tocineta y me quedó la miel esa, que más lueguito me la voy a tomar con un limón. Eso es lo mejor para la garanta, repone, y si es en ayunas, mejor. A partir de ese momento el vale no dejó de carraspear la garganta. Siento que, al meterle el tema, surgió en él algún tipo de placebo a la inversa.
Antes de doblar por la avenida, me pregunta, compa, ¿por qué se acabó el DAS? Así, sin más contexto. Como pude, acomodé mis pensamientos y le dije: eso murió porque Uribe lo convirtió en un brazo de inteligencia de los paracos. Erda, me dice, ese Uribe sí me hace vainas, vale. Ese viejo hijueputa no se cansa de joder. Aro, mi hermano, es que con el DAS el vale tenía un servicio de inteligencia para cuadrar los torcidos. A esa altura ya carraspeaba cada dos metros, con una intensidad notoria y sonora.
Logré disuadirlo que no bajara por la Kia pa evitar esa contravía. Se metió por un callejón, que daba a otro callejón, que salía por la parte de atrás de otro callejón, que bota directo al sitio de llegada. Le doy su luka, y le digo: en la juega con esa miel, compa. Y me dice: más firme que el DAS, y se fue riendo.