29/07/2026
El mayor obstáculo para conocer Colombia no son sus ríos ni sus selvas. Son los prejuicios.
Porque para conocerla hay que levantarse del sofá, despegar los dedos del celular o del control del televisor y, sobre todo, atravesarse a uno mismo. Hay que cruzar las propias incomodidades, además de carreteras, ríos, montañas, selvas, pueblos y ciudades. Solo entonces el mapa deja de ser un dibujo y empieza a tener rostros, voces e historias que deberíamos estar más dispuestos a escuchar.
Regresar al territorio siempre será un honor. Al otro lado siempre hay un pueblo nuevo, una comunidad, una etnia y una experiencia distinta. Cada viaje me recuerda lo poco que sé, lo mucho que me falta por comprender y que la empatía y la humildad no se aprenden en la distancia.
A veces son lugares de paso, como San Antonio de Getuchá, pero basta detenerse un momento para descubrir que también son destinos, lugares donde la vida transcurre con la misma dignidad que en cualquier otro rincón del país y cuya cotidianidad también merece ser mirada.
En el fondo, sigo perteneciendo al río y a lo rural.
Gracias, Ana Cevelyn Leon R, por hacerme regresar.