09/03/2026
Febrero fue un mes de reflexión. Pensé mucho. En mi vida, en lo que quiero lograr, en lo que me hace bien. En lo que quiero, pero también en lo que no. Pasé por todo tipo de emociones: desde rabia, pena profunda, alegría por momentos sencillos, hasta la plena paz mental. Viví tardes de silencio, mañanas lentas, y muchos kilómetros recorridos sola con mis pensamientos. Canté a todo pulmón en mi auto, con el viento en la cara, y también lloré. Hice catarsis. Me volví más liviana...
Fue un mes sin pretensiones, sin expectativas, sin muchos planes, algo raro en mí. Quise detenerme. Estaba muy cansada. Dormí alrededor de 11 horas diarias, y por primera vez dejé de un lado la culpa por hacer nada y no hice nada. Pasé muchas tardes sintiendo el sol en mi cara, mirando las nubes, leyendo, observando el movimiento del viento en las hojas de los árboles. Hubo, a diferencia de otros años, mucho silencio, en parte porque estuve muchos días sin mis hijos.
Estuve en el presente, sin que me importara mucho lo que sucedía en el mundo exterior que acontece fuera de los límites del campo. En este pequeño paraíso familiar, ése que existe una vez al año. Un oasis de la vida cotidiana, un respiro de las responsabilidades, un sueño que dura muy poco. Un lugar de descanso, de negra noche y profundo silencio. Para parar, pensar, reflexionar, observar, agradecer, respirar.
Autorretrato, Febrero 2026