15/07/2026
En el Chile de antaño, cuando un niño moría antes de ser bautizado —o siendo muy pequeño—, la familia no lo lloraba como una tragedia total: lo despedía como “angelito”.
Se creía que, al morir sin pecado, el niño iba directo al cielo. Por eso el velorio no era solo dolor: era también celebración. Se les vestía de blanco, se les coronaba de flores, y se les sentaba —o recostaba— en un altar improvisado, a veces con alas de papel o cartón, simulando querubines.
Ahí llegaba el fotógrafo del pueblo. La imagen que capturaba podía ser la única fotografía que esa familia tendría jamás de su hijo. Por eso se posaba con cuidado, casi con ternura: solo, o rodeado de sus padres y hermanos, como si estuviera dormido.
Esta práctica, conocida como “velorio del angelito”, se extendió por gran parte de Chile y Latinoamérica entre los siglos XIX y mediados del XX, sobre todo en zonas rurales donde la mortalidad infantil era altísima.
Hoy nos puede parecer una imagen difícil de mirar. Pero para esas familias, era una forma de honrar, recordar y despedir con dignidad a quienes se iban demasiado pronto.
📸 Una memoria que casi desaparece, y que en IMÁGENES DEL CHILE DE AYER 🇨🇱 queremos que no se olvide.
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