20/01/2026
La ciudad nunca se queda en silencio, pero a veces parece que solo habla con quienes están perdidos en su oscuridad. Me quedo aquí, mirando cómo los sueños parecen esas luces que titilan a lo lejos y me pregunto cuántos de esos sueños se apagarán antes de que logre alcanzarlos…
Hay una melancolía extraña en este inicio; no es tristeza, sino ese peso en el pecho que aparece cuando sabes que el tiempo no perdona. Mirar el horizonte hoy me genera una zozobra que no puedo explicar del todo. Es el miedo a que lo nuevo no sea suficiente, o peor aún, el miedo a que yo no sea el mismo cuando por fin llegue allí.
Este año se siente como la propia noche: frío, inmenso y un poco ajeno. Me asusta la incertidumbre, me asusta el vacío de lo que todavía no sucede y esa sensación de estar suspendido entre lo que fui y lo que me toca ser. Supongo que a veces, avanzar, significa aceptar que vamos a extrañar quiénes éramos antes de que el futuro nos cambiará por completo…
Y aquí sigo, en la penumbra, esperando que el primer rayo de luz me encuentre con las manos menos temblorosas…
…a veces el horizonte pesa más de lo que brilla…