26/05/2025
CUANDO LA PATRIA SE ESCRIBE DE OTRA MANERA
Hoy, 25 de mayo, me fui a dar una vuelta en bici por el valle de Ullum, como suelo hacer los fines de semana. En eso, al pasar por una callecita de tierra, algo me llamó la atención: una bandera argentina enorme colgada en la entrada de una casa de adobe de esas que evidencian humildad. Me detuve, curioso, y pedí autorización para hacer una foto. Fue así como conocí a José Patricio Fuentes.
José estaba festejando sus 55 años, rodeado de su familia. Me invitó a pasar, con esa amabilidad que tiene la gente de campo, sin conocerte. Me contó que se llama Patricio porque nació un 25 de mayo, como hoy, el mismo día que recordamos la Revolución que dio el primer paso hacia nuestra independencia. Dice que su mamá quiso que llevara ese nombre para que nunca se olvidara de lo que significa esta tierra.
Desde los 13 años trabaja en la cosecha: uva, olivo, lo que venga. Me dijo con orgullo que aprendió de su padre, que también fue peón, y que de chico, junto a sus hermanos, salían a juntar leña o ‘changuear’ en cualquiera de las fincas. Ni él ni sus hermanos terminaron la primaria. La escuela quedaba lejos y había que salir a trabajar, porque en la casa hacía falta cada peso.
Me habló con nostalgia de una casa más grande que tuvieron, en un lugar que hoy está bajo el agua del dique. No eran dueños del terreno, así que nunca recibieron indemnización de los planes de relocalización. Recuerda como si fuese ayer la partida desde su vieja casa con todas sus pertenencias en búsqueda de un lugar donde volver a empezar. Hoy viven en tierras fiscales, en condiciones precarias, no obstante, con la frente en alto y orgulloso de ser argentino.
En esta charla inesperada entendí que para José la patria no es algo lejano, abstracto. La patria, para él, es el hogar: ese pedazo de mundo donde todo se comparte —el pan, el mate, los silencios y las risas— con los parientes, los amigos, los hijos y los nietos. Es esa mesa bajo la parra donde se junta la familia, y donde el esfuerzo tiene sabor a orgullo.
Ullum es un rincón rural de San Juan donde la vida no es fácil. Tierra seca, montañas áridas, y mucho silencio. Pero también es suelo fértil siempre que tengamos agua de deshielo. Ahí crecen los frutos que muchos disfrutan sin saber de dónde vienen. Como José, hay cientos que día a día se levantan antes que el sol para trabajar la tierra. Acá, la argentinidad no se grita, se vive. Se demuestra con el esfuerzo, con la dignidad del trabajo, con el orgullo de poner una bandera para que todos la vean, aunque en la casa y el vivir diario no exista lujo alguno.
Se nota que José lleva en la piel el amor por esta tierra, por lo que es y representa. Se nota en sus manos curtidas y en la mirada firme. José Patricio podría llamarse de otra forma. Podría no haber nacido un 25 de mayo, ni haber nacido ahí. Pero su historia, como tantas otras, merece ser contada. Este es un homenaje a él, y a todos los que, como él, luchan cada día por un vivir digno, sin tapujos ni estridencias, silencioso, verdadero. Porque en ellos, la Patria se escribe de otra manera.