23/06/2023
Compartimos esta carta de nuestra compañera y amiga, Agustina Salinas, fotoperiodista.
En septiembre de 2022 me llegó una notificación a la redacción de mi lugar de trabajo. La remitió un juzgado Criminal y Correccional porque José "Pepe" Mateos me hizo una denuncia por injurias.
En Mayo de 2021, esta persona cometió un hecho de abuso en mi contra. En el contexto de una cobertura, en un momento en el que no había gente alrededor, Mateos simuló abrazarme rodeándome y apoyando todo su cuerpo contra el mío, diciendome una frase desagradable, asquerosa, que él describe en su denuncia como “un breve y desafortunado comentario sobre su anatomía”. También se encargó de ponerse en el rol de arrepentido, diciéndole a colegas y amigos en común que “se mandó una cagada”.
No voy a seguir contando lo que sufrí porque me expondría más y creo que ninguna persona abusada tiene que ejemplificar con detalles lo que padeció, sobre todo cuando los métodos de quienes perpretan los abusos son tan sutiles, en secreto e intentan pasar desapercibidos para que no parezca lo que son. Desde ese momento me sentí fragil, vulnerable, tuve ataques de llanto, de ansiedad, no podía dormir y tenía miedo de salir a la calle. Es indescriptible lo que generó en mí, lo que me hizo sufrir. Sentí que perdí mi autonomía. Removió y generó traumas que no quiero repetir. A partir de esa situación es que me armé un protocolo para salir a la calle a trabajar. Me rodeaba de colegas y amigxs de confianza para no estar sola si me lo cruzaba. Las veces en las que estuve sola, me quedaba lejos esperando que llegue algun conocidx, o directamente me tenía que ir de los lugares, perdiendo tiempo y trabajo, además de volver a sentirme frágil. Pasaron los meses y me cansé de la impunidad y complicidad con la que contaba este abusador, e intenté protegerme. Las veces en que lo veía intentaba que se vaya de los lugares y lo enfrentaba, la mayoría (por no decir todas las veces) sin éxito. Esta persona llegó a empujarme y gritarme diciendome mentirosa y que estaba equivocada. Es así que él tomó esas situaciones de autocuidado como un “plan para dañarlo”.
Esta denuncia que me hizo Pepe Mateos, en la que intentó posicionarse como víctima, es una causa cuyo fin es aleccionarme pretendiendo que yo me convierta en la condenada, haciéndome perder recursos y tiempo, revictimizándome en cada una de las instancias, en las que tuve que recordar el abuso, explicarlo, llorar, angustiarme y escuchar cómo su abogado me deslegitimaba e incluso me calificó de mentirosa, llegando al punto de decirme tonta en su alegato.
La denuncia que no hice en el momento del abuso por miedo a represalias y para no exponerme a que me deslegitimen socialmente, se está investigando y cuento con un botón antipánico para protegerme además de haber pedido una restricción.
El dia lunes 15 de Mayo el Juez Darío Medina resolvió absolverme por los cargos que se me imputaban. No solamente fui víctima de un abuso, con todo lo que eso implicó para mí y sigue arrastrando en el tiempo, sino que además tuve que pasar por un proceso penal en el que una y otra vez me expusieron a verlo en las audiencias virtuales, también tuve que escuchar a sus testigos que, aún sabiendo del abuso, se dispusieron a defenderlo y maltratarme sin ninguna prueba concreta en mi contra.
Gracias a mi abogada Gabriela Chiqui Conder que con su compromiso y paciencia me acompañó todo este tiempo, remarcando que es de interés público erradicar la violencia hacia las mujeres y disidencias.
Gracias a mi psicóloga Ceci.
Gracias a mis amigxs que me acompañaron desde el primer momento, estando conmigo cuando fui a buscar la notificación y brindando con la sentencia. Gracias a mis testigas maravillosas por defenderme SIEMPRE, las amo.
Gracias a la Comisión de Géneros de Argra por su solidaridad y aportes de testimonios y en la causa.
Gracias a lxs que me abrazaron todo este tiempo y festejaron conmigo el alivió que me generó la absolución.
Gracias a quienes se ponen a disposición de las sobrevivientes de abusos y no las cuestionan.
Y gracias a todas las pibas que a lo largo de la historia se animaron a hablar y contar sobre estos padecimientos para que no le pase a nadie más.
Esta absolución es un alivio individual de un triunfo colectivo. Con este fallo se deja un antecedente para que cada vez que un acosador o abusador pretenda aleccionarnos, callarnos, revictimizarnos y encima sacarnos plata, vea que no estamos solas.