13/08/2026
PARTE 1/5
LEFU FEMENINO: EL SECRETO DE UN EQUIPO QUE BRILLA, GANA, GOLEA Y ENAMORA
Hay equipos que ganan. Hay equipos que golean. Hay equipos que consiguen títulos.
Y después están esos equipos que, además de todo eso, enamoran.
LEFU Femenino está construyendo una de esas historias.
Otra final. Otra vez entre los mejores.
Otra vez con una pelota que parece no querer entrar en su propio arco y con una facilidad casi increíble para encontrar el camino hacia el arco de enfrente.
Y esta vez, los números permiten dimensionar todavía mejor lo que está haciendo este equipo.
14 fechas.13 victorias.1 empate.Invictas. 101 goles a favor. 2 goles en contra. Sí.
101 goles marcados y apenas 2 recibidos. Una campaña extraordinaria.
Y como si todo eso fuera poco, en la semifinal apareció un contundente 7-0 frente a El Salado para sellar el pasaje a una nueva definición.
La próxima estación será la final.
LEFU enfrentará a Tiro Federal de Chascomús. Pero hay algo que los números no cuentan.
Algo que no aparece en ninguna tabla. Algo que me llamó poderosamente la atención desde mi lugar de reportero gráfico. Los abrazos.
En más de 30 años de profesión he fotografiado vestuarios, festejos, derrotas, campeonatos, lágrimas, abrazos y todo aquello que el fútbol es capaz de provocar.
Pero pocas veces vi abrazos tan genuinos, tan fuertes y tan conmovedores como los de este grupo.
Jugadoras abrazadas con sus compañeras. Jugadoras abrazadas con sus entrenadores.
Entrenadores abrazados con sus jugadoras. No parecen abrazos para la foto.
Son abrazos que suceden. Y quizás, pensé, ahí pueda estar una de las claves de este equipo. Porque claro que hay trabajo. Hay planificación. Hay talento. Hay competencia.
Hay compromiso. Pero también hay algo que muchas veces resulta imposible de entrenar:
amor, empatía, amistad y sentido de pertenencia. Entonces fui a buscar la respuesta a la fuente. Le pregunté a Piti Vera, el entrenador que junto a José Vera conduce técnicamente a este equipo que vuelve a estar en una final. Y Piti no dudó. “Trabajo, grupo y mucho compromiso”. Tres palabras. Tres conceptos que parecen sencillos, pero que cuando uno mira este LEFU desde afuera adquieren otra dimensión.
PARTE 2/5
“Tenemos la suerte, junto con José, de tener un plantel maravilloso. Hay chicas de 15 y 16 años que tienen un presente y un futuro enorme, y ni hablar de la columna vertebral que son esas jugadoras más grandes que hacen docencia dentro del grupo”.
Piti habla de un plantel en el que conviven generaciones. Las que recién empiezan a construir su historia. Las que ya tienen recorrido. Y las que entendieron que una de las mejores maneras de trascender es ayudar a que las que vienen detrás sean todavía mejores.
También aparecen los nombres propios.
Luli. La arquera. El espíritu.
Flor. El carácter. La personalidad.
Y Sabrina. La 10. La futbolista diferente.
“La calidad futbolística que nos aporta Sabri. Ella es mágica. Tener una jugadora de esa jerarquía hace que todos podamos jugar un fútbol mejor”.
Y cuando habla del futuro inmediato, Piti deja escapar lo que seguramente siente todo el grupo.
“La verdad, Juan, estamos muy ilusionados”. ¿Cómo no iba entonces a ir a buscar la palabra de ellas?
Porque si hay algo que aprendí después de tantos años mirando fútbol es que los entrenadores pueden explicar un equipo, pero las jugadoras pueden revelar lo que realmente lo sostiene.
LULI: EXPERIENCIA, PASIÓN Y DOCENCIA
Lucía Uribarri tiene 42 años. Sigue atajando.Sigue entrenando.
Sigue llegando al límite del día para hacer aquello que ama.
Y cuando habla de fútbol, no parece estar hablando de una actividad más.
Está hablando de una parte de su vida.
“Amo este deporte. Amo este puesto. Tengo 42 años y juego y entreno con la misma pasión”.
Me cuenta que junto a otras cinco jugadoras entrenan en Ranchos después de terminar sus respectivas jornadas laborales.
Muchas veces hasta las 11 o 12 de la noche. Y entonces aparece una frase que explica mucho más que cualquier estadística.“ Imaginate, Juan. Amamos esto”.
Ahí está. Las grandes sosteniendo. Las chicas aprendiendo. La experiencia transformándose en enseñanza. Y una responsabilidad que Luli disfruta profundamente: ayudar a que las más jóvenes vayan adquiriendo experiencia y confianza. Pero esta final tendrá para ella un sabor particular.
PARTE 3/5
Un viaje programado y las sucesivas postergaciones de la definición, que se extendió durante más de 45 días por cuestiones climáticas y por el estado de los campos de juego, harán que esta vez no pueda estar físicamente dentro del arco.
Le duele. Claro que le duele. Pero hay algo más fuerte que la tristeza. La confianza.
“Sé, y estoy convencida, de que estas jugadoras van a darlo todo por otro título”.
FLOR: LA GUERRERA
Después fui por ella. Por la que ordena. Por la que mete. Por la que cabecea. Por la que grita. Por la que pone el cuerpo. Por la que no negocia una pelota. Florencia Rossi.
Desde mi mirada, la guerrera de este equipo. La Chola Simeone de este LEFU.
Y cuando se lo digo, aparecen las risas. Pero detrás de la sonrisa está esa Flor que todos reconocen dentro de la cancha. Carácter. Liderazgo. Personalidad. Garra.
“Una alegría inmensa. Somos un grupo espectacular”.
Y ahí vuelve a aparecer una diferencia que quizás explique buena parte de esta historia.
“Fuera de la cancha somos amigas. Adentro les pido todo, lo doy todo y algunas que otras puteadas también”.
Se ríe. Porque el fútbol también es eso. Exigirse. Discutir. Gritar. Pedir. Y después abrazarse. Porque hay algo que no se rompe. El respeto. “Sabemos llevarlo porque está ese respeto y admiración que nos tenemos unas a otras, y eso es lo que nos hace cada vez más fuertes”. Flor sabe lo que viene. Sabe que faltan 180 minutos. Sabe que enfrente habrá otro rival. Sabe que una final no se gana antes de jugarla.
Pero también sabe algo que parece ser una ley dentro de este grupo: se va a dejar todo.
“Nuestra gente sabe que vamos a dejar todo en cada entrenamiento, en cada disputa para tener esta copa”.
SABRINA: LA 10 QUE MANEJA LOS HILOS
Y entonces fui por la 10. Por Sabrina Lamarque. La primera vez que la vi jugar me pasó algo muy sencillo. La miré y pensé: -Wow.-La flaca juega. Pero juega de una manera diferente. Tiene clase. Tiene sutileza. Tiene inteligencia. Tiene picardía. Tiene esa cosa de potrero que no se aprende en ningún entrenamiento. Parece haber vivido siempre con una pelota cerca.
PARTE 4/5
Y cuando recibe, parece entender antes que las demás dónde va a estar la jugada.
Es, para mí, el flaquito Pastore de este LEFU.
Una futbolista que puede manejar los hilos de un equipo que hoy parece pasar por encima de todo lo que encuentra en su camino.
Después de cerrar las semifinales con un contundente 7-0 frente a El Salado, le pregunté cómo se sentía.
Y otra vez apareció una palabra que se repite como una constante. Orgullo. “Orgullo, alegría”. Pero Sabrina no se queda en el resultado. Habla del camino.
“Este plantel entrena con sol, lluvia, frío, calor. Estamos hambrientas de seguir creciendo como equipo y eso se nota en cada partido”.
Y reconoce también a quienes hacen posible que ese crecimiento continúe.
“Tenemos un gran cuerpo técnico que está a la altura de lo que necesitamos nosotras, creciendo año tras año”.
Después aparece el deseo. Pero no solamente el deseo de las jugadoras. El deseo de un club. De una familia. De una comunidad. “Ojalá podamos darnos esta alegría como club, como familia”. Y enseguida, como si necesitara dejarlo claro, vuelve a poner toda la confianza en ese grupo: “Sé, estoy convencida, que este grupo va a dejarlo todo, como lo hacemos siempre”.
ENTONCES, ¿CUÁL ES EL SECRETO?
Quizás Piti tenga razón. Trabajo. Grupo. Compromiso. Quizás Luli también. Pasión. Experiencia. Docencia. Quizás Flor. Carácter. Respeto. Admiración. Quizás Sabrina.
Talento. Hambre. Deseo de seguir creciendo. O quizás sea todo eso junto.
Porque cuando uno mira desde afuera este LEFU Femenino, ve los resultados.
Ve las 14 fechas. Ve las 13 victorias. Ve el empate. Ve el invicto. Ve los 101 goles.
Ve los apenas 2 goles en contra. Ve un 7-0 en una semifinal. Ve otra final.
Y ahora sabe también quién espera del otro lado: Tiro Federal de Chascomús.
Pero cuando uno mira un poco más profundo, aparece otra cosa.
Aparecen las chicas de 15 y 16 años aprendiendo de las grandes.
Aparecen las grandes entrenando después de trabajar.
Aparece una arquera de 42 años que sigue llegando de noche a entrenar porque todavía ama ponerse los guantes.
PARTE 5/5
Aparece una guerrera que exige a sus compañeras porque sabe que todas quieren lo mismo. Aparece una 10 que juega con la pelota como si la conociera desde siempre.
Aparecen Piti y José. Y aparece, una y otra vez, ese abrazo. Ese abrazo que no necesita explicación. Por eso quizás el secreto no esté en los 101 goles. Ni en las 13 victorias.
Ni siquiera en los 2 goles en contra. Quizás el secreto esté en cómo se abrazan.
Porque los números explican cuánto gana LEFU. El fútbol explica cómo juega. Pero ese abrazo… ese abrazo explica por qué este equipo enamora. LEFU tiene otra final por delante. Le quedan 180 minutos. 180 minutos para seguir escribiendo una historia que ya es enorme. Una historia que hasta acá tiene 14 capítulos jugados, 13 victorias, un empate, 101 goles a favor y apenas 2 en contra.
Y ahora aparece Tiro Federal de Chascomús.
El último desafío. La última página que falta escribir. Y si algo parece seguro antes de que vuelva a rodar la pelota, es que estas pibas van a hacer lo que vienen haciendo desde el primer día: trabajar, competir, jugar y dejarlo todo. Después, como siempre, quizás llegue otro gol. Otra victoria. Otra copa. Y seguramente… otro abrazo.
Por: Juan Manuel Mazzino