27/11/2020
Cuando Yamila fue asesinada, estábamos de vacaciones en Brasil con Jta Rco Arc y creo que ese suceso transformó nuestro vínculo y nuestras miradas. Cuando presenté la muestra "La Justicia la hacemos entre todxs" Juli estaba otra vez, algo más instalada, en Brasil. Le pedí unas palabras y escribió esto:
Un domingo 27 de marzo de 2016 cualquiera, salió de su casa, de ese lugar seguro cualquiera y quizás en un pensamiento cualquiera, se dirigió a no sabemos dónde… porque desapareció.
Yamila salió, como salimos todas, quizás envuelta en miedos, o quizás con la sonrisa abierta que la agraciaba…mas no sabemos, porque desapareció.
Yo no puedo olvidar de esas horas, que fueron eternas, mientras ella desapareció…no estaba, no volvía, no iba a su trabajó, ni a la despensa, ni a estudiar, no respondía los mensajes de sus amigas, ni caminaba por el barrio como lo hacía.
Yo estaba de viaje con Luciana, lejos… y nuestras mamás nos escribían para saber como estábamos y me acuerdo de ese lunes cuando empezaba a circular, desesperando, la cara de Yamila. Fue como que un silencio de lejos, hondo, atroz nos dejó solas a las dos.
Amigas, conocidos, familiares, los grupos del whatsapp empezaban a preguntar, a pedir ayuda, a desesperar.
Fue ahí que con la Lu empezamos a hablar de Yamila, "es de Huerta, trabaja en La Falda, va al Nacional, es prima de tal, salía con tal…" de repente ya la conocíamos un montón, y eso es lo que más me impactó.
Cuando Yamila desapareció, sentí que podíamos ser cualquiera de nosotras, mi compañera de trabajo, mi mejor amiga, mi prima, mi tía o algune de ese nosotres enorme que el feminismo me enseñó a cuidar.
Sabíamos que había una marcha, pidiendo por la búsqueda. Que ella jamás se hubiese ido sin avisar. Y el martes, las eternas horas de desespero se deshacían.
Nosotras de lejos no lo queríamos creer.
Y hablamos tanto de Yamila que se volvió parte de nosotras. En ella nuestro viaje se marcó. El silencio, el hueco, el n**o en la garganta, la amargura, la desesperación todo eso no se murió.
El tipo la mató. "La mató, entendés". La mató con la impunidad que sólo en un mundo desigual, donde el macho puede matar porque tiene la complicidad del de al lado que se calla, porque tiene un poder sólo por ser varón que legitima su violencia, porque tiene la fuerza y tiene el germen podrido del patriarcado inculcado en su ser que le hace creer ser dueño de no sé qué.
Yamila se volvió parte de ese viaje, y nos transformó. Nos dolía, a todes. Llegaban mensajes de todos lados, y su historia era cada vez más nuestra.
Las amigas, en la avenida pidiendo justicia. Las pibas en Córdoba diciendo Ni una Menos. Yamila estaba calando hondo en los cotidianos de muchos. Conmovió los titulares de todas las noticias.
Y en su singular historia llena de vida, había un horror que se repetía: "y ahora qué van a inventar… qué se perdió?… el tipo la mató."
Volvimos del viaje, y Huerta estaba gris. En esos tiempos con Luciana, nos estábamos acercando a la Radio, la Panamericana, en el barrio donde Yamila caminó.
Y de lo único que podíamos hablar en esos tiempos con nuestros compañeres, y seguimos hasta hoy, es que de lo terrible, sólo se sale con amor. Hablábamos de todo lo triste que el machismo nos hacía sentir. Que el patriarcado no era una historia antigua, que desde hacía mucho tiempo, las marcas de la violencia nos dolían en la piel. Que del silencio sólo se sale GRITANDO. Y abrimos una trinchera, ahí juntas, en medio de tantos varones, para contar lo que necesitábamos decir, y quien sabe encontrar un eco por ahí.
Comenzamos nuestra Columna de Mujeres, que con la fuerza del empuje sigue hasta hoy, para abrir el micrófono a las muchas historias que nos hacían arder el corazón, para recordarlas una a una, para contar sus vida, para que ese nosotres se vaya volviendo cada vez más grande, más amoroso, más fuerte.
Y un día, después de muchos palos de tribunales, la justicia llegó para Yamila. A fuerza de mucha movilización, se sintió la fuerza de esa mamá desgarrada, de las amigas que nunca soltaron esa foto, de Karina y del CEPROFA, golpeando puertas y levantando la voz por todas las que ya no pueden.
Es que desde hace ya un tiempo las lógicas violentas del patriarcado están empezando a toparse con más y más mujeres que no están solas, más y más mujeres que buscamos ayuda, una mano, una amiga, para no agachar la cabeza cuando nos gritan. Y ahora saben, y se van enterando a veces a disgusto, que somos muchas, que nos hermanamos, en tribu, en manada. Que si tocan a una, tocan a todas.
Que la justicia se consigue cuando nos miramos a los ojos y construimos abrazos que nos contengan.
Porque los feminicidios no son crímenes pasionales, ni una moda macabra de los tiempos modernos … nos matan porque el sistema así lo decía, les vendieron que le pertenecíamos. Pero la historia está siendo escrita y nosotras empezamos a escribir y ya no nos pueden callar. Nos reescribimos, nuestras ancestras están despertando, en un símbolo de vida, resistencia y dignidad.
Somos las nietas de las brujas que no pudieron matar !
YAMILA GARAY PRESENTE. AHORA Y SIEMPRE. NI UNA MENOS.