01/07/2026
Un texto que escribí para un proyecto que no prosperó, acerca de la famosa foto de Thomas Hoepker.
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Cinco personas charlan sentadas al sol en una tarde a finales del verano. Aparecen relajados, como disfrutando el solcito, completamente ajenos a lo que ocurre a su alrededor, como un día cualquiera. Pero no es un día cualquiera: es el 11 de Septiembre de 2001, y la columna de humo al fondo proviene de las Torres Gemelas, que acaban de ser atacadas en el peor ataque terrorista en la historia de EEUU, con un saldo de 2977 mu***os y unos 25000 heridos.
Thomas Hoepker, el fotógrafo, vivía en el Upper East Side, y en cuanto supo lo que pasaba hizo lo que cualquier fotoperiodista haría: tomó su equipo y salió hacia la escena tratando de llegar lo más rápido posible. Pero los subtes ya no andaban, y era tal el caos que tuvo que desviarse pasando por Queens y Brooklyn. Es desde Brooklyn del otro lado del East River, que toma esta foto. El destino hizo que otros fotógrafos cubrieran de cerca lo que pasaba, pero cuando quiso llegar el famoso puente de Brooklyn estaba cerrado y se tuvo que conformar con trabajar desde lejos, y del trabajo de ese día nos dejó una foto indefinible.
A pesar de que Hoepker participó (y, de hecho, coordinó) un libro con el trabajo de los fotógrafos de Magnum ese día, consideró que la foto no era apropiada para ese momento, y no fue parte de ese libro. Recién se mostró en una muestra personal en 2005 y al año siguiente fue parte del libro Watching the World Change, de David Friend, que analiza fotos de ese día. La polémica fue instantánea, y la foto despertó una cantidad de preguntas, lo que me lleva a pensar en una primera dimensión de la imagen, la fotográfica, la de su valor como documento.
Empecemos por recordar que una foto es un instante, ni un segundo, a menudo una milésima. ¿Puede una fracción de segundo contar la verdad absoluta sobre un hecho? Lo dudo. En este caso, los protagonistas soportaron el juicio de los observadores, que criticaron su aparente despreocupación respecto de lo que estaba pasando. Se defendieron diciendo que en realidad estaban en shock, pero no importa mucho, creo yo. Si la foto se hubiera tomado un minuto antes o un minuto después seguramente habría contado otra historia, pero el fotógrafo encuadró y tomó la imagen en este momento, no en otro, y todo lo que pase fuera de ese instante es conjetura. No creo que la foto juzgue a sus protagonistas, sino que más bien nos muestra un contraste, la vida antes y la vida que se viene. El azar hizo que Hoepker pasara por allí y se encontrara con esa imagen improbable, que agrega una dimensión distinta a las fotos, muchísimo más dramáticas, que produjeron aquellos que sí pudieron acercarse. Una de las frases más abusadas en la fotografía, “si tus fotos no son lo suficientemente buenas es porque no estabas lo suficientemente cerca”, es contradicha por esta imagen. ¡En tu cara, Capa!
Pero hay otra dimensión en cualquier fotografía, y tiene que ver con cómo se ve con el paso del tiempo. Puntualmente, esta imagen, a mi, me ha hecho pensar mucho. La recordé al ver una imagen de los incendios en la Patagonia, y pensé hasta qué punto no estamos nosotros, con las pantallas, como estos cinco personajes, dando la espalda a la realidad. Lo cual me llevó a otras preguntas.
¿Cómo sería hoy un 9/11? Posiblemente estarían, igualmente, de espaldas al humo, pero cada uno absorto en su celular, Seguirían en las redes cada novedad, navegando entre contenidos verídicos y falsos, entre un mar de opiniones diversas que si, ya existían en 2001 (las primeras palabras que escuché ese día al llegar al estudio fueron “era hora de que les tocada a ellos”), pero de las que no teníamos manera de enterarnos, compartirían sus imágenes en su feed y, seguramente, memes en sus historias de Instagram, chequearían de a ratos cuántos likes tenían. Habría una catarata de videos generados con IA, Putin atribuyéndose el ataque, no, Irán, no, pará, fue Israel, cientos de teorías conspirativas. Tik-Tok de Osama Bin Laden bailando con Bush con el fondo de las torres en llamas, despedidas falsas hechas desde alguno de los aviones, tal vez los terroristas habrían transmitido en vivo desde una de las cabinas y veríamos el avión dándole a una torre en primera persona, o si no seguramente alguien lo generaría y se viralizaría igual.
¿Estaríamos si sucediera hoy más informados que en aquel momento en el que sólo nos llegaba información por medios tradicionales y nos enterábamos de otras opiniones charlando con amigos o compañeros de trabajo? ¿Estamos hoy más conectados con lo que pasa que esas 5 personas en una terraza aparentemente de espaldas a la historia?
La foto (me atrevería a decir que toda foto lo hace) interpela la verdad, la idea de la foto como documento incontestable. Porque esta en particular, en cierto modo, acusa a esas personas de no preocuparse por lo que está pasando. Hoy serían linchadas en las redes sin detenerse ni un segundo a pensar que. como dijimos, la foto es un instante ínfimo, en otro instante ínfimo distinto podrían haber estado todos mirando hacia la columna de humo con otra expresión, y sería una imagen completamente diferente, tal vez más políticamente correcta. La foto es, siempre, un punto de vista, algunas veces más indiscutible que otras, pero nunca, y muy especialmente hoy día con la IA, puede ser considerada la única prueba de que algo fue de una determinada manera. La foto, en última instancia, va a ser, como dijera Don McCullin, tan honesta como el fotógrafo que la toma. Ni más ni menos.