31/05/2026
LA PLAZA Y LA RESPONSABILIDAD
Hoy, domingo otra vez, vamos a la plaza. Llevamos las reposeras, tomamos mates, compartimos un momento. Buscamos ese deseo innato de esparcimiento, de contacto con la naturaleza, de relax y nostalgia. Qué suerte que alguna vez alguien pensó e ideó una plaza, un centro para la comunidad. Es como el principio de todo: un espacio común, la decisión misma de la continuidad.
Por eso la plaza y nuestros niños van de la mano. Pero después del nacimiento, viene lo real. Viene el cuidado constante, amoroso, responsable y, también, sacrificado y desvelado. Un cuidado en el que el centro ya no sos vos, aunque debas quererte y cuidarte también a vos mismo, porque si no, es imposible cuidar al otro.
Pero miremos a nuestro alrededor. La plaza hoy está descuidada. Fijate ese banco roto, esa basura que nadie junta, esa basura que alguien tiró teniendo el cesto al lado. Ese árbol que está enfermo, las hamacas algunas bien y otras no tanto. Y aun así, la habitamos. Pero ¿la cuidamos? Por algo alguien destroza lo que es de todos, ¿no? Y ahí se me impone la pregunta: ¿quién soy yo para decir lo que digo? Hablo desde cierta molestia y dolor de ver el tejido deshilachado, tal vez.
Tanto la plaza como los niños son nuestra responsabilidad. Una responsabilidad compartida; y cuando hablamos de compartida, hablamos de tejido, de lazos. Y si esa responsabilidad es amorosa, tanto mejor.
Frente al desamparo, diálogo. Diálogo con el entorno, diálogo con nuestros niños y nuestras niñas. Dialoguemos con Juan, con María, o como se llamen. Acercarnos a sus alegrías, pero también a sus dolores. Sostener la vida no es un acto automático; requiere hacernos cargo.
P.D.: Esta publicación sale sin foto. Para que dibujes la plaza que vos quieras en tu mente y en tu corazón. Una plaza de la responsabilidad compartida.
Griselda. B. Ibars