28/06/2026
Como alguien que hace streaming de automovilismo, veo con preocupación cómo cada vez es más fácil cancelar a una persona por un error, una frase desafortunada o un momento incómodo al aire.
En estos días se habló mucho del stream de Florencia Peña, pero más allá de las opiniones que cada uno pueda tener sobre ella, creo que la discusión de fondo es otra.
Muchos de los que hoy hacemos streaming empezamos cuando era algo completamente marginal. No había grandes estudios, productores ni estructuras profesionales. Había una cámara, una conexión a internet y ganas de comunicar.
En nuestro caso, transmitiendo automovilismo, nos equivocamos constantemente. Yo me equivoco. Mis compañeros se equivocan. Nos confundimos un nombre, un dato, una interpretación o una opinión. Y eso es parte natural de cualquier proceso de aprendizaje cuando se está en vivo.
Lo curioso es que hoy se exige perfección absoluta a quienes están frente a una cámara, mientras durante años vimos periodistas, conductores y comunicadores decir cosas mucho más graves sin recibir el mismo nivel de condena pública.
Criticar está bien. Debatir está bien. Señalar errores también. Lo que me preocupa es cuando pasamos de la crítica al linchamiento digital.
Porque detrás de cada transmisión hay personas trabajando, aprendiendo y tratando de hacer las cosas cada día un poco mejor.
Defender el derecho a equivocarse no es justificar cualquier cosa. Es entender que nadie aprende sin cometer errores y que nadie debería perder su dignidad o su trabajo por un traspié aislado.
Todos nos equivocamos. La diferencia es que algunos lo hacen frente a miles de personas y otros no tienen una audiencia observando cada palabra que dicen.
Tal vez necesitamos menos cancelación y más capacidad de escuchar, corregir y seguir adelante.