23/09/2018
Es difícil llegar a la escena de rock independiente en Japón. En la isla conocida por el manga, la tecnología, el animé o los karaokes el ambiente alternativo es sumamente secreto. Hay pocas bandas y suelen tocar en el sótano o terrazas de edificios en el conurbano de las grandes ciudades como Tokyo, Kyoto o Osaka. Se pasan las fechas y los lugares unos días antes, para que los vecinos no lleguen a poder reclamar por los ruidos molestos. Es tal el respeto que tienen por el silencio, que caminar por el centro de de Tokyo un Lunes a las 2 de la tarde nos puede generar la sensación de estar en el día después de Apocalipsis. El primer recital de rock alternativo al que fui fue totalmente inesperado y gracias a la fotografía. Perdido, no sabía bien en qué barrio estaba después de haber estado caminando por horas. Me hice amigo de un portero que custodiaba un edificio (bastante sospechoso para allá), me llamó la atención su look y le saque una foto con mi cámara analógica Canon viejita. Le llamó la atención la cámara, empezamos a hablar, no sabía mucho dónde quedaba Argentina, le conté que quería conocer algo de la escena alternativa en Japón, alejarme por un momento de las canciones pop que se escuchaban en la calle de Akihabara. Dudó hasta que me hizo pasar y subimos al edificio, estaba abandonado, con paredes blancas (y algunas manchas negras de hongos y humedad). En una de las habitaciones del segundo piso había una exposición de muñecas sentadas en sillas, diabólicas, mirando te fijamente. La música se empezaba a escuchar de fondo. En el cuarto piso una muestra de gatitos de porcelana. En el quinto unos hongos gigantes como los de Mario Bros tapaban la escalera. Abrimos la puerta del sexto piso, habíamos llegado. La sala estaba totalmente insonorizada, había jóvenes tirados en el suelo, danzando, algunos en trance. En el fondo estaba el escenario con algunos fans tratando de tocar los pies de los músicos. Me hizo acordar un poco al furor de los Beatles que vi en algún documental, su fanatismo estaba exaltado. En el escenario, al lado de la banda, dos chicas vestidas con trajes de unicornio bailaban a la par del bajo. Estaba atónito, sumergido en esa escena.