14/09/2025
Los viajes se viven tres veces: Cuando los planeamos, cuando los hacemos y cuando los recordamos. Hace un mes que cumplí años, aún sigo celebrando y, más aún, recordando uno de los viajes más emocionantes que he hecho hasta hoy, si no el más. Este año decidí que me haría un regalo a mi mismo, quería hacer algo diferente el día preciso de mi cumpleaños y qué mejor manera de hacerlo que dando un paseo por la bahía de Río de Janeiro en un velero.
La vida está dándome mensajes de calma a cada momento. Cuando planeé esta actividad, imaginé que era uno de esos veleros donde hay fiesta, baile y alcohol. Pero no, otra vez Río de Janeiro me sorprendió, o más bien mi despiste, pero hoy lo veo como otro mensaje más del Universo. Al llegar a Marina da Glória esperaba encontrar un grupo de gente animada, con música y bailando, pero lo que encontré fue todo lo contrario. Un puerto muy calmado, con algunos yates y veleros pequeños. Al embarcarnos nos invitaron a quitarnos los zapatos y tomar un lugar donde nos sintiéramos cómodos. ¿Cómodos? ¿Por qué? ¿Para qué? Uno no tiene que está cómodo para bailar y tomar caipirinha, al menos no sentados. Pero así fue, ¡todos a sentarse!
Si hubo caipirinha y algunas cositas para el picoteo, pero este paseo era eso, un paseo, un recorrido por la bahía en el que sonaba bossa nova, se escuchaba el mar dando contra el yate y una vista espectacular de la bahía. Nos dijeron que serían tres horas y yo estuve a punto de lanzarme ¿Qué voy a hacer tres horas aquí sentado? Pues hice lo que se podía hacer, relajarme, pensar en lo maravilloso de mi vida y contemplar la increíble vista de la ciudad, algunos de sus lugares famosos y un atardecer envidiable. Fueron tres horas conmigo mismo. Igual, como ya saben, terminé conversando con otros de los viajeros, contándonos historias y riéndonos de algunas anécdotas en común. Son de Quito, así que hasta los invité a una pizzería muy buena que hay allá y de la que algunos de ustedes conocen la historia.