05/10/2016
La muerte de un árbol es belleza, a diferencia de la del hombre. Un árbol mu**to en el desierto, desprovisto de su corteza, curtido por el sol y el viento, con todas sus ramas desnudas abiertas a los cielos, es una vista maravillosa. Se cortan grandes secuoyas de cientos y cientos de años en unos minutos para hacer vallas, sillas, construir casas o abonar la tierra del jardín. El maravilloso gigante ha mu**to. El hombre avanza más y más en los bosques, destruyéndolos y usándolos para la ganadería y la urbanización. Los parajes naturales están desapareciendo. Hay un valle, cuyas colinas circundantes son quizá las más antiguas de la tierra, en el cual se llegaron a ver osos, guepardos y ciervos, que han desaparecido completamente, ya que el hombre está por todas partes. Poco a poco, se está destruyendo y contaminando la belleza de la tierra. Aparecen vehículos y rascacielos en los sitios más inesperados. Cuando uno pierde su relación con la naturaleza y los cielos abiertos, pierde la relación con los demás seres humanos.
J. Krishnamurti Boletín 56 de la Krishnamurti Foundation Trust, 1989