11/04/2020
El ruido de la pobreza:
Hasta antes de la cuarentena, todas las mañanas indefectiblemente un hombre venía con un carrito que el mismo tiraba a buscar latas en el contenedor que hay en la calle casi debajo de mi balcón. Lo hacía entre las 6 y 6:30 hs de la mañana. Nos despertaba el ruido sistemático de las latas que aplastaba con un instrumento por el mismo fabricado que con un certero golpe dejaba las latas aplanadas para que ocupen menos lugar y poder así llevarlas. Confieso que en alguna oportunidad tuve ganas de salir a decirle que no haga tanto ruido, que era muy temprano, que estábamos durmiendo, que era fin de semana, que, que , que…. Pero la razón, la comprensión, la empatía ganaba la pulseada y nunca le dije nada, ni un reclamo, ni tampoco me acerqué a hablar con él y esto último es quizás lo peor, lo que dejé de hacer. Desde que comenzó la cuarentena este hombre dejó de venir, me pregunto como sustentará su vida, su familia. Este hombre, cuyo nombre lamentablemente no se, que dignamente todas las mañanas buscaba latitas. Hoy me avergüenza que a nosotros nos molestara ese ruido, ese pequeño ruido entre tanto que hace la urbe, ruido a gente, ruido a autos, colectivos, motos, sirenas, todo ese ruido ha casi desaparecido. Hoy extraño ese ruido de trabajo, de vulnerabilidad, de desigualdad, de pobreza. Y le pido disculpas a ese señor anónimo que se ganaba la vida revolviendo basura para encontrar latas que luego vender, donde quieras que estés, espero volverte a ver pronto para pedirte disculpas (aunque no lo sepas) por mi enojo y reír y festejar contigo el retorno a las calles.
Arístides Álvarez Presidente de nuestra ONG.
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