10/05/2026
Desde que habito la ciudad, no hay un minuto del día en que no piense en la montaña. 🧘♀️
En esos lugares donde el tiempo se detiene y me permite respirar, observar y cuestionarme ante tanta inmensidad. Este recuerdo se mantiene vivo a través de mis fotografías; cada vez que las miro, mi cuerpo revive el frío y la calma como si fuera la primera vez.
Esta foto la tomé en el invierno de 2006 con mi modesta 📷 Nikon D70, durante un ascenso con raquetas. Recuerdo la sensación de los pasos hundiéndose en la nieve, un ritmo lento pero constante.
Siento el sol pleno en la cara y, de frente, el refugio en su estado más sereno: la puerta entreabierta, un silencio de siesta y ese calorcito que te invita a entrar. En esa quietud que te ofrece un refugio es donde comienza mi ritual más preciado: preparar el mate, elegir el rincón con la mejor vista y abrir mi diario. 🧉
Escribir para no perder ni una palabra, para fijar lo que la mirada observa y el camino te enseña.✍️
El sentido del refugio en la montaña es sagrado para quienes la amamos. Y entendí que ese sentimiento no tiene por qué quedarse allá arriba. Las sensaciones habitan en el cuerpo y podemos revivirlas cuando queramos.
Para mí, hay dos llaves que abren esa puerta: la fotografía que retrata el instante y el diario que guarda lo vivido. 📝
Así fue que, después de la hermosa experiencia que tuvimos hace poco en conectando con los refugios naturales, reviví -a través de los comentarios de quienes participaron- esa misma sensación que me habitaba en el refugio de montaña. 📷
Ese intercambio me inspiró a reformular la propuesta: quería ofrecer una experiencia que nos lleve a esos recuerdos, o que nos permita vivir por primera vez esa sensación de habitar un refugio para fotografiar las sensaciones que nos despiertan los refugios naturales en la ciudad. 🙌
Lo más interesante es compartir en comunidad, tal cual sucede en un refugio cuando se cruzan los caminos.
¿Tenés algún recuerdo o fotografía que sea tu refugio hoy? Te leo en comentarios y nos compartimos.