21/03/2021
Mientras recorro la ciudad con el alma en carne viva por haber roto el corazón de esa mujer, hay otras historias, hay otras historias que no me involucran y si. No juzgo, y pretendo que no lo hagan. Hay historias de locura, hay historias de droga, hay historias de crimen y otras de simple mala suerte. Hay historias de desamor y a veces simplemente ya nacieron condenados... De todos modos, y en medio de tanta mi**da, lo que me sigue maravillando es la simpleza de la solidaridad de esos que llamamos locos. Cuando aquel le pidió si tenía pan, el loco que venía caminando con un paso extraño y hablando sólo, partió el pedazo de pan seco que traía y se agachó para dárselo. Nunca pensó en pandemias, nunca pensó en olores, nunca pensó en riesgos ni sacó cálculos de si lo iba a precisar más tarde o mañana. Simplemente se lo dió y mientras el otro comía con desesperación, el loco sacó un cacho de bananas que tenía en una bolsa y le dejó una debajo de la almohada. Después se sentó en el piso y el loco se puso a comer con aquel q le había pedido. En un silencio que desafiaba el ruido de la lluvia que empezaba a machacar el techo de la parada. A veces uno aprende cosas de los que menos tienen para entregar... sin posesiones, sin pretensiones y sin mañana, el loco hizo más por otro, que yo mismo, con mi celular de alta gama, mi empleo, mis pretensiones de artista, mi ideología socialista, mi moral cristiana, mis cuentas por pagar y mi alma en carne viva.