14/06/2026
Los tiempos de la niñez son, sin duda, uno de los tesoros más valiosos que guardamos en el corazón.
Son recuerdos que han quedado atrás con el paso de los años, pero que jamás desaparecen de nuestra memoria, basta con observar una fotografía antigua para que una avalancha de emociones nos transporte a aquellos días llenos de inocencia, alegría y amor familiar.
Muchas veces la nostalgia nos invade al recordar que en aquellos años teníamos a nuestros abuelos sentados en la mesa, a nuestros padres acompañándonos en cada paso y a nuestros seres queridos compartiendo los momentos más sencillos pero también los más felices.
Vuelven a nuestra mente aquellas inolvidables Navidades en familia, las reuniones llenas de risas, los juegos con los primos y el calor de un hogar que parecía eterno.
La niñez fue esa hermosa etapa por la que todos tuvimos la dicha de pasar, una época donde las preocupaciones eran pocas y la felicidad se encontraba en las cosas más simples, salir a jugar con los amigos, disfrutar la comida preparada con cariño en casa, asistir a la escuela y soñar con el futuro sin imaginar los compromisos que llegarían con la adultez.
En esta bella fotografía del recuerdo vemos a mi querida amiga Geraldine Viscarra durante esa maravillosa etapa de su infancia.
Una imagen que refleja la ternura, la inocencia y la tranquilidad propias de aquellos años.
Al verla, es imposible no pensar en esos días donde la vida transcurría sin prisas, sin preocupaciones y sin las responsabilidades que con el tiempo llegan a formar parte de nuestro diario vivir.
Esta fotografía es mucho más que una imagen; es una ventana abierta hacia un pasado lleno de momentos felices, de afectos sinceros y de recuerdos que el tiempo ha convertido en verdaderos tesoros del alma.
Es un recordatorio de que, aunque los años pasen y las circunstancias cambien, siempre llevaremos dentro de nosotros al niño o la niña que alguna vez fuimos.
Desde este espacio queremos enviar un afectuoso saludo a Geraldine Viscarra, acompañado de un abrazo inmenso y los mejores deseos.
Que Dios continúe bendiciendo su vida, guiando cada uno de sus pasos y llenando su camino de salud, felicidad y muchas satisfacciones, tal como lo ha hecho hasta el día de hoy.
Porque los recuerdos más bellos no envejecen; simplemente se vuelven más valiosos con el paso del tiempo.