04/08/2026
No mames, el hongo no te dijo eso... ¿o sí?
A ver… llevo años acompañando ceremonias con hongos. Así que sería bastante absurdo dedicarme a esto y afirmar que durante una experiencia no sucede nada más que un cerebro intoxicado con sustancias que lo hacen proyectar chaquetas mentales en el cielo.
Ya es 3 de agosto, así que me parece un buen momento pa’ chismear sobre este tipo de trips.
En ceremonia he visto a personas encontrarse con dolores que llevaban años evitando, recordar cosas que tenían olvidadas, comprender de golpe algo importante en su vida, despedirse de alguien mu**to o sentirse parte de la tierra de una manera que después resulta muy difícil explicar sin parecer un pi**he jipi pachamamesco.
Y también he visto a personas regresar convencidas de que recibieron una misión, descubrieron el origen energético de todas sus enfermedades (así que ya no necesitan tomar medicinas alópatas del diablo corporativo), o entendieron exactamente lo que deben hacer los demás con su vida.
Acá el problema no es creer que algo puede hablarnos durante una ceremonia porque sí, sucede. El p**o es asumir que entendimos perfectamente lo que dijo.
Porque, incluso si aceptamos la posibilidad de que los hongos poseen una inteligencia y podemos relacionarnos con ella, cualquier mensaje tiene que pasar a través de nosotros: debe atravesar nuestro cuerpo, nuestra biografía, nuestros miedos y deseos, todas las imágenes que conocemos y las palabras disponibles en nuestra cabeza.
El hongo no habla tu idioma. Lo que recibimos ya es una traducción. Y los humanitos somos traductores bastante creativos, especialmente cuando atravesamos una experiencia capaz de hacer que una idea se sienta más verdadera que nuestro nombre.
Ésta es una de las cosas más cabronas de los hongos y otros enteógenos. No sólo se producen imágenes y pensamientos extraños. Toda esa experiencia puede estar acompañada por una sensación absoluta de revelación. Entonces no parece que imaginaste algo, sino que parece que por fin lo viste. Parece que encontraste LA verdad. Pero sentirse completamente seguro de algo nunca ha sido garantía de estar en lo correcto.
Por eso quizá no deberíamos comenzar preguntándonos si el mensaje vino del hongo, del inconsciente, de diosito, de la memoria, de la diosa, de la sugestión o de quién sabe qué inteligencia que aprovechó que dejamos la puerta abierta.
Después de cualquier viaje conviene hacer una distinción menos emocionante, pero mucho más útil. Así que intentemos darle un método, una estructura o, por lo menos, unos tips postceremonia.
Preguntémonos: ¿Qué ocurrió realmente durante la experiencia? ¿Qué significado le di? ¿Y qué decisión estoy tomando a partir de ese significado?... no son la misma cosa.
Así que tomemos un ejemplo:
“Vi a mi pareja encerrándome en una jaula.”
Bien, eso describe una experiencia.
“Mi relación me impide ser libre.”
Bueh… ésa es una interpretación.
“El hongo me enseñó que debo terminar mi relación.”
Ihh… ésa ya es una decisión personal disfrazada de mandato externo.
Y, a ver, la imagen puede estar mostrando algo verdadero sobre tu relación. Quizá expresa un miedo, un deseo o una conversación que llevas meses evitando. Quizá exagera una sensación para obligarte a mirarla. El símbolo puede ser profundamente certero y, aun así, no significa que deba funcionar como una instrucción literal.
El primer paso, entonces, consiste en quitarle por un momento nuestra explicación.
¿Puedes contar lo que viste sin agregar inmediatamente lo que “quiere decir”? ¿Qué palabras escuchaste realmente y cuáles aparecieron después, cuando intentaste construir una historia coherente?
Esto importa porque la memoria no es una grabación. Al regresar comenzamos a ordenar la experiencia, rellenamos huecos, conectamos escenas y terminamos atribuyéndole al hongo una frase bastante mejor redactada que cualquier cosa escuchada durante la ceremonia.
Después viene una pregunta mucho más específica que nos permite separar un poco las cosas... ¿Qué tendría que suceder para aceptar que tu interpretación podría estar equivocada?
Si ninguna evidencia posible pudiera contradecirla, entonces no estás poniendo a prueba una interpretación, estás protegiendo una creencia. O sea, mamaste.
Ahora… si las coincidencias demuestran que tienes razón, pero su ausencia también demuestra que “el universo está poniendo a prueba tu fe”; si quienes están de acuerdo comprendieron tu despertar, pero quienes dudan simplemente vibran demasiado bajo; si cualquier resultado puede acomodarse para confirmar el mensaje… ¡felicidades! Construiste un sistema donde es imposible distinguir la intuición del deseo.
Recuerda: una interpretación sólida soporta preguntas y no necesita declarar enemigo a quien la contradiga.
Luego está la prueba menos psicodélica de todas... el tiempo.
Hay mensajes que parecen escritos en tu alma con fuego a las tres de la mañana y el jueves ya no sabes muy bien qué carajos querían decir. Los que realmente valen la pena pueden perder su espectacularidad y, aun así, continuar tocando algo verdadero semanas después.
Si una revelación exige obediencia inmediata, conviene sospechar un poquito. Lo verdadero no debería caducar cuando se acaba el efecto. Puede esperar a que duermas, comas, regreses a tu cuerpo, hables con alguien que no estuvo en la ceremonia y mires el asunto desde más de un estado emocional. No para destruir la experiencia con racionalidad, sino para comprobar si puede relacionarse con el resto de tu vida sin necesitar que permanezcas dentro de ella. Hay que permitir que el mensaje toque la realidad.
No necesitas abandonar mañana tu relación para averiguar si te sientes encerrado. Puedes comenzar teniendo la conversación que llevas meses evitando, poner un límite, observar lo que sucede y comprobar si aquella imagen revela algo que efectivamente está ocurriendo.
Una interpretación confiable no sólo explica la experiencia, sino que también tolera las consecuencias de encontrarse con el mundo.
Y todavía resta una última pregunta que suele causar un poco de escozor... ¿El mensaje te vuelve responsable de algo o te concede una excepción?
Porque hay revelaciones sospechosamente convenientes. Siempre confirman que teníamos razón, que los demás nos hicieron daño, que todos están mal menos uno, que las reglas ya no aplican para nosotros o que poseemos una misión que nadie más puede comprender.
Eso no significa que toda experiencia luminosa sea falsa ni que debamos desconfiar de cualquier cosa que nos haga sentir valiosos. Significa que una visión que únicamente nos corona merece más sospecha que una que también nos obliga a mirar nuestra sombra, reparar un daño, abandonar una mentira o aceptar que quizá no somos el personaje que habíamos construido.
Sí, tal vez te habló el hongo. O tal vez habló tu inconsciente. Tal vez, en una experiencia así, esas dos posibilidades ni siquiera están completamente separadas. Nadie puede resolverlo por ti y desconfío profundamente de cualquier humanito que asegure poder hacerlo.
Debemos honrar una experiencia sin arrodillarnos ante nuestra primera interpretación, aceptar el misterio sin renunciar al discernimiento y recibir un mensaje sin convertirlo inmediatamente en una orden. El efecto de la ceremonia no termina cuando desaparecen los visuales, continúa en las consecuencias de nuestras decisiones y actos posteriores.
Así que, bueno... tal vez el hongo sí te dijo eso, we.
Pero antes de tatuártelo, terminar tu relación, suspender un tratamiento o anunciar que fuiste elegido para despertar a la humanidad, date el chance de averiguar si escuchaste algo verdadero, si lo tradujiste desde tus ganas o si sólo regresaste de la montaña con una chaquetota mental vestida de profecía.