08/04/2026
𝙻𝙰 𝙼𝚄𝙴𝚁𝚃𝙴 𝙴𝚂𝚃𝙰 𝚁𝙾𝙽𝙳𝙰𝙽𝙳𝙾 𝙼𝙸 𝙿𝚄𝙴𝙱𝙻𝙾
En poco más de un mes, han partido de este mundo, a un plano existencial desconocido para todos, al menos 6 personas de nuestro pueblo (que yo sepa, aclaro).
Y aunque toda partida es dolorosa, y toda familia en luto merece mi entero respeto, quiero escribir de 3 en particular, que de una u otra forma, me han dejado pensando mucho en estos últimos días.
La primera fue mi tía, Doña Lorena de Casas.
La segunda fue mi estimado amigo Servando, el del taxi de la combi.
La tercera es una joven; Karla, que sin duda sorprende mucho por su edad.
Me han de disculpar, todos los que no haya mencionado, no es a propósito, simplemente que estas muertes me han llegado en lo profundo, me han inspirado para hablar y tener valor, para no quedarme sin qué decir ante la muerte.
Mi Tía Lorena, dicen los que la conocieron mejor que yo, que era una persona muy buena. Que le gustaba cocinar, y que así demostraba su amor a sus seres queridos. Por mi padre, estoy seguro que definitivamente era una gran mujer, pues ayudó a mi papá siempre que él necesitó cuando estuvo también al borde de la muerte, y eso no cualquiera.
Tía Lorena, mi respeto y admiración para usted, en vida, y en muerte; mis palabras no bastan para declarar el agradecimiento que sentiré siempre hacia la persona que fue, y que seguirá siendo en la memoria de tantos, sobre todo para mí padre y mi familia.
Servando fue mi amigo. Siempre estuvo de mi lado, y era muy sincero. Te decía lo que pensaba, sin filtros, no tenía miedo. No coincidíamos en ciertos aspectos, pero eso jamás evitó que fuéramos amigos, pues nos unia querer ver un país mejor, y un pueblo mejor. Descansa en paz, amigo. Ya estarás mejor allá, compartiendo las aventuras terrenas pero en un mundo angélico; y de seguro desde el otro mundo, seguirás dando tu opinión de lo que pasa acá, en donde nos dejaste. No me olvides, yo no lo haré.
Karla, solo la conocí de vista, pasando por la calle, o alguna vez la vi en su trabajo, pues me la paso en la carretera. Una muerte joven siempre será sinónimo de dolor y asombro, pues la tragedia en ese contexto, casi siempre llega sin aviso, como ladrón por la noche, mientras el mundo entero duerme. Muchacha, duerme ahora, descansa. Ojalá que tu familia encuentre pronto la resignación que solo Dios puede darles. Me duele tu partida, porque tenías tanto por delante, justo por eso.
Ofrezco pues mi pésame pero de corazón, a cada una de las familias y amigos, que en vida fueron de cada uno de ellos. Yo estoy seguro de que las familias hoy, cambiarían lo que tienen por un minuto más a su lado.
Yo eso haría por los que se me han ido.
La muerte no perdona ni pregunta; solo toma. Toma lo que ya tenía que llevarse, ¿Por qué? Nunca lo sabremos. Lo cierto es, que duele mucho cuando sucede, y que no hay consuelo o palabra que sea suficiente, mientras el duelo nos cubre como a la novia el velo en sus nupcias.
No escribo desde lo misterioso, ni lo mítico, lo paranormal. Escribo desde la vida, desde lo más profundo de las entrañas de la tierra, donde trascienden los cuerpos de los que amamos. Me preocupa la muerte, hoy más que nunca, aunque no le tengo miedo. ¿Por qué habría de tenerle miedo a lo único que nos da certeza en esta vida?
La muerte va a llegar, no cabe duda, es innegable, insondable ciertamente; no te puedes quitar, no puedes huir. La muerte un día tomará mi cabeza, me abrazará en el seno de la tierra y del sepulcro, y me acostará para soñar con la vida por un instante, y a ti también te va a pasar.
Pero, para los que como yo, creemos en el Dios vivo: la muerte será pasajera, será solo una compañera con una tarea específica, con un privilegio y un propósito dados desde arriba, que los seres humanos no queremos y no podemos comprender, pero que sin duda, es necesario.
La muerte, no es el final, es simplemente un camino más, que todos debemos tomar en algún momento. Así que, si llega hoy, o mañana por mí, quisiera ver esa lluvia de plata abrirse para mostrarme las grandes costas, llenas de luz de estrellas, y los grandes castillos entre el sol.
Dios sea tan misericordioso de que ellos, los que ahora descansan, estén ahora en el sueño de la esperanza eterna, y que si es su voluntad, vean mañana las aguas del mar de arriba.
Pero, ojalá que la muerte ya se vaya de por aquí, que se aleje de estos rumbos, porque en lo que son peras y son manzanas, nos duele mucho, les duele mucho a los que se quedan, nos sentimos desamparados.
Y lloramos, mucho lloramos.
Pero nunca, ¡Nunca los olvidamos!
Por lo pronto, hay que cuidarnos, y no vivir con miedo. Hay que alimentarse bien, dormir lo suficiente, hacer ejercicio, ser prudentes, estar bien contigo mismo, con tu familia, con los que te quieren, y principalmente (al menos para mí), estar bien y en cuentas con El Creador.
Haz las paces con la vida, contigo mismo. Sé feliz, y vive, porque un día, todo se acaba y nada nos llevamos.
- Elias Alexander Arcadia