25/04/2026
Aquí te dejo mi breve historia:
Desde niño siempre loco por los animales salvajes. Soñaba con leones, jaguares y leopardos. Ese era mi mayor anhelo. Quienes me conocen saben que no miento: siempre estaba jugando con mis leones de juguete, viendo documentales una y otra vez, comprando álbumes y revistas de animales.
Iba con mi papá a las montañas y cuando me topaba con una víbora o serpiente, la observaba con mucho cuidado, trataba de identificarla y luego la soltaba. Me sentía como Steve Irwin en esos momentos, lleno de emoción. Ese niño era feliz haciendo eso. Ya sabía cuáles eran venenosas y cuáles no. Esa pasión nunca se me quitó, solo creció conmigo.
Mi sueño de ser veterinario como mi papá se quedó en el camino cuando terminé la prepa. La razón: una ola de inseguridad y violencia, era si no mal recuerdo en el 2008, y porque el estado donde quería estudiar estaba en focos rojos, mis padres consideraron que no era seguro mudarme allí. La situación de violencia y los riesgos que implicaba eran demasiado altos, así que, aunque con el corazón apretado, tuve que descartar la carrera. Al final estudié Administración Pública y Ciencias Políticas, con algunos diplomados en gestión financiera. Pero los libros de animales siempre siguieron ahí, y todavía conservo los de cuando era niño.
Hace 8 años pasó algo que lo cambió todo. Una noche estaba cenando en casa con mi hermano y él me recomendó un documental. Lo puse en Netflix mientras comíamos. Se los recomiendo, se llamaba “Tales by Light”. En el primer capítulo salía un fotógrafo tomando fotos de ballenas y… wow, me quedé encantado.
De repente se encendió todo: era como volver a ser niño. No tenía ni idea de cámaras para fotografiar animales, aunque sí tomaba prestada las cámaras de video a mi papá (a él siempre le ha gustado mucho la tecnología). Yo las agarraba sin avisar y hacía películas con mis hermanos y primos, solo por diversión, algunos 8 años tenía en esos momentos. En ese momento empecé a imaginar… “¿y si yo hiciera esto?”, “¿y si pudiera ver un jaguar?”, “¿y si…?”. Ahí fue cuando esta pasión se me metió de verdad.
Ahora quería hacer algo más serio, pero con mi tema favorito: los animales.
Esa misma noche pedí mi primera cámara en Mercado Libre. Ni siquiera sabía qué marcas había, solo compré la que usaba el fotógrafo del documental. Empecé de cero total: puro prueba y error (más error que otra cosa). No sabía nada de cámaras ni de lentes. YouTube fue mi maestro.
Así nació The Santo Grial.
El nombre viene del mismo documental. Ahí hablaban del “Santo Grial” de la fotografía de naturaleza: el leopardo de las nieves, el animal más difícil de fotografiar. Lo elegí por ello, de que lo más bonito y valioso suele ser también lo más complicado de conseguir.
Hoy, después de 8 años, sigo teniendo esa misma misma motivación de niño, pero ahora con cámaras, lentes y cámaras trampa. Por fin puedo “comprar mis juguetes”.
Todo esto lo pago de mi bolsillo. Trabajo 6 días a la semana y mi día de descanso lo uso para revisar cámaras trampa, caminar por el campo y planear la siguiente salida. No tengo patrocinios ni apoyos. Empezó como un hobby y aunque se ha puesto más serio, en el fondo sigue siendo pura pasión y ese niño que aún llevo dentro.
Me encantaría formar parte de proyectos que realmente valoren mi trabajo y estén dispuestos a invertir recursos y lograr grandes imágenes y videos. Me súper encantaría. Pero detesto a esas corporaciones que me contactan y piden mis fotos de jagures y me comentan que pondrán los créditos, (eso que, eso va de cajón) teniendo el recurso, se niegan a invertir. En pocas palabras quieren mi trabajo regalado, sin aportarme nada a cambio.
Con el tiempo ya no se trató solo de tomar fotos bonitas de coyotes, zorros o venados. Ahora quiero motivar a la gente a cuidar nuestra fauna. Y quiero aclarar algo, hago todo esto a mi manera y con lo que tengo, tampoco me considero un brutal conservacionista, ni protector de animales, nada que ver, solo darle ese enfoque positivo a mis fotos por que me gustaría que los niños de hoy sientan el mismo asombro que yo sentía, y que los adultos recordemos lo que alguna vez soñamos. Por eso voy a escuelas a compartir lo poco o mucho que he aprendido: para que valoremos lo que todavía tenemos y empecemos a cuidar con cosas simples, como no tirar basura o respetar el hábitat.
Nunca tomé un curso formal. Todo ha sido aprendiendo en el campo, cayéndome y levantándome. Por eso estoy pensando en armar un pequeño curso con lo que he aprendido estos años, porque cada vez más gente me pregunta lo mismo. Aunque todavía no lo decido del todo… la idea está ahí. Me dan ganas y al mismo tiempo no, porque es una gran responsabilidad cuidar personas en campo y luego salen unas muy muy especiales y eso me desanima. Pero bueno, a ver si me animo en algún futuro.
Esta pasión me ha dado grandes amigos que aman lo mismo: el monte, el campo, la naturaleza. Y sobre todo, me ha cambiado la forma de ver la vida. Ahora miro todo con más respeto y gratitud.
Quizá en otra vida estudie veterinaria o algo similar. Pero en esta, con todas las responsabilidades que tengo, prefiero seguir caminando por el monte con mi cámara, documentando la belleza salvaje y compartiéndola con ustedes. Ojalá despierte en otros ese mismo niño soñador que todavía vive en mí.
Gracias por acompañarme en este camino.
Cada foto, cada historia, cada niño que se emociona al ver un jaguar o un coyote… para mí vale más que cualquier cosa.
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Con cariño,
Jorge Castro Urbiola
The Santo Grial 🐾🌿