18/11/2024
Cuando entré a la universidad quería libertad económica.
Mantuve una relación que inició como una aceptación de la indisposición.
Cuando la conocí tenía el corazón sanando y estaba concentrada en trabajar. En resolver problemas con mi familia y en comenzar a abrirme a la posibilidad de amar a telenovela.
Un viaje al castillo del surrealismo por parte de la universidad me hizo sentir una conexión nueva y aunque el sentir no fue un invento mío, tuve a bien conservar un poco de dignidad al momento de su amnesia.
Mezclando mi sed de saber más sobre una profesión entrelazada con el arte y engolosinada con la aventura del conseguir una conquista amorosa, me dispuse a vender mi ojo.
Cuando busqué de nuevo mi cuenta en una red que era muy usada por fotógrafos antes de la explosión mediática digital, no quedaba duda que quedó expuesto la premura del agua.
Situaciones mejorables y sobre todo, una selección.
Una curaduría de sentires y vivieres. Una selección más profunda sobre mis conexiones y sus frutos.
Incluso el abandonamiento de la institución por la evidencia de las aleaciones publicitarias.
Fue un momento de mucha diversión pero también trajo un recordatorio de que si el otro tiene más sed, hambre y sueño, te devora.
Puede incluso querer alterar la memoria colectiva.
Fingir situaciones y usar la traición como arma de empresario en crecimiento.
Y aunque pude llegar a la cabeza del tiburón, es una travesía de la cual pretendo no darle mayor significancia que esta. Una etapa que pudo ser mejor sin esa intervención amorosa ficticia adornada de mentiras y tintes escalofriantes de inventos de vidas que no existen pero con jugoso material que me llevó un escalón más adelante.
Me acerqué a los imaginarios de marcas que buscaran un público llevando mensajes mezclados con la fantasía del querer ser y el ser verdadero.
Y usando a descaro una frase que no me pertenece, pero que gracias a esta pude soltar un sentir en blanco y negro:
"Nadie me traicionó, solo fue un malentendido de mi parte."
Un amor que quiere fingir que no existió necesita conservarse a su deseo.