13/10/2023
En una videollamada, la hermana de Luz Elizabeth Severiano San Juan, Cheli, nos muestra la casa de su familia en San Lucas Ojitlán, en la región del Papaloapan al norte de Oaxaca. Alrededor de un patio amplio techado, con una cocina al aire libre y una mesa, se ven los platanares y árboles de mango.
Platican en chinanteco, una lengua tonal pariente del zapoteco, chatino y mixteco, entre otros idiomas. Otros familiares entran en el encuadre y saludan desde sus hamacas, colgadas bajo un techo afuera de la casa. Las hermanas se ríen y antes de colgar Cheli promete grabar y enviar un video en el que se vea la casa de la abuela.
En Ciudad Juárez la escena es totalmente distinta. Son las tres de la tarde, es verano, hacen casi cuarenta grados centígrados y el viento parece estar estancado. Afuera la gente camina bajo el sol —porque en el desierto la vida sigue a pesar del calor— pero quienes pueden se quedan adentro, frente a un ventilador o bajo el aire acondicionado.
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Hace poco publicamos una serie de historias sobre migración indígena de Oaxaca hacia Chihuahua, sobre todo a Ciudad Juárez, donde se concentra la mayoría de esta población. Las familias llegaron a esta frontera con la esperanza de mejorar su calidad de vida, de estudiar y tener un trabajo bien remunerado. Hay quienes estaban de paso, esperando el momento para cruzar a los Estados Unidos, pero muchos otros encontraron en Juárez su nuevo hogar. La migración ha sido tanta, que actualmente en el estado hay más hablantes de mixteco o chinanteco que de pima o guarijío.
El trabajo se puede encontrar en el micrositio https://raichali.com/bordesfronterizos/ .
Muchas gracias a los equipos de Elmuromx, El Universal Online y Raíchali por permitirme participar en este trabajo.
Ciudad Juárez, Chihuahua, 2023.