13/12/2025
Horas antes de que inicie el 12 de diciembre, la neblina cae sin aviso, espesa, cerrada, como si quisiera ocultar el sendero. Aun así, comenzamos a caminar por un camino que se pierde frente a nosotros, entre la neblina y oscuridad de la noche que lo cubre todo.
Avanzamos con fe hacia la cima. Sabemos que ahí está, aunque no logremos verla. La densa neblina la abraza y oculta el sendero para llegar a ella, para que caminemos creyendo, no mirando.
El sendero cansa. El cuerpo se quiebra. El frío aprieta. Aun así, seguimos. Las luces del camino y nuestra propia luz parecen pequeñas, intermitentes. No iluminan todo. Solo el siguiente paso. Son destellos que dicen: aquí seguimos caminando.
Subimos sin verla, confiando en que cada paso nos acerca, porque no siempre hace falta mirar para creer.