02/01/2026
No te perdí como se pierde algo valioso en el camino.
No fue descuido ni mala suerte.
Te solté cuando entendí que siempre iba detrás, cuando cada paso mío era un intento
y los tuyos eran solo evasión elegante.
No te perdí, me detuve.
Y en esa pausa descubrí que llevaba mucho tiempo corriendo solo.
Perseguir cansa de una forma que no se nota al principio.
Cansa explicar, cansa insistir, cansa adivinar estados de ánimo y traducir silencios.
Cansa querer por dos.
Yo avanzaba con el corazón abierto mientras tú caminabas sin rumbo, disfrutando la atención pero evitando el compromiso de mirarme de frente.
No te perdí, me agoté de sostener un vínculo
que solo existía si yo empujaba.
Un día entendí que no era amor lo que faltaba,
era reciprocidad.
Que no hacía falta más paciencia, sino más verdad.
Que no era cuestión de tiempo, sino de intención.
Perseguir no es amar, es insistir donde no hay eco.
Y yo ya no quería eco, quería respuesta.
Por eso paré.
No para castigarte, no para provocar ausencia, sino para cuidarme.
Cuando dejé de seguirte, cuando dejé de justificarte, cuando dejé de correr, no te perdí… me encontré.
Encontré mi ritmo, mi dignidad, mi paz.
No te perdí.
Me cansé de perseguirte.
Y ese cansancio fue el principio de una vida donde ya no tengo que correr para que alguien se quede.
Texto: David “Trukutru” Peral