21/04/2026
Hace poco escuché que el problema de los artistas era que hablaban demasiado de sí mismos y de su vida personal. Y, creedme, he intentado de mil maneras alejarme de mi cabeza para hablar de otras cosas, pero por mucho que me esfuerce siempre acabo de vuelta en la raíz.
Con más o menos profundidad, cada una de mis obras cuenta algo de mí. Puedo esconderlo mejor o peor, explicarlo más o menos, pero al final siempre termino creando una conexión conmigo misma y, lo que es mejor, conociéndome un poquito más. Sí, me fascina hacer autoanálisis y descubrir por qué me comporto de la forma en que lo hago.
Supongo que, en términos de marketing, la intensidad no vende tanto y que el objetivo es que quien compra vea algo más de sí mismo que de ti en la obra, y eso, con una historia detallada detrás, no es posible. Pero, qué queréis que os diga, si tengo que crear obras para que gusten a todos, para mí el arte pierde el sentido.
“Raíces” es una fotografía, parte de una pequeña serie, que hice el pasado junio y que llevo procesando en mi cabeza todos estos meses. La enseñé por primera vez el pasado marzo, durante una conferencia en la Universidad Loyola, con muchísimo miedo a que fuese malinterpretada. Para mi sorpresa, varios de los alumnos la describieron con palabras como origen, renacer, conexión con la tierra.
Justo unos meses antes de hacer esta fotografía, mi prima María del Mar y yo empezamos a sentarnos con nuestra abuela, a preguntarle por su pasado y a indagar sobre todas esas poesías que ella, con su letra autoaprendida, escribía. A mi abuela le encanta hablar de sus recuerdos. Los repite una y otra vez en su cabeza y nos los cuenta a nosotras. Nos cuenta una historia que puede parecer muy común, pero que en su cabeza está guardada como si fuese una película, y eso me encanta.
Creo que es una manera de mirar la vida que te mantiene a flote, que te ayuda a ser resiliente. Y me doy cuenta de que yo misma, inconscientemente, también lo hago. Romantizar la vida es de lo mejor que puedes hacer por ti misma.
En uno de sus poemas, mi abuela habla de su infancia y adolescencia en una familia de carboneros. Habla de su padre como la figura más buena que hubiese podido existir y de cómo, a pesar de la hambruna de la posguerra, ella tuvo la mejor infancia que un niño podría haber vivido. “Nunca nos faltó de nada”, repite. Y habla de su vida con una fortuna que más de uno habría querido tener. O sentir, porque a veces no se trata de lo que se tiene, sino de cómo se vive.
Esta fotografía representa ese sentimiento de volver al recuerdo, de volver a las raíces, a la tierra. Está realizada en la finca de mi abuelo, entre sus olivos, en ese lugar donde pasé gran parte de mi infancia jugando y peleándome con mis primos.
Agradezco a mi abuela por ser una fuente de inspiración infinita, a mi prima por compartir conmigo esa intensidad que nos caracteriza, a por ayudarme a representar la figura de mi bisabuelo y a por estimular mi cerebro con su música para que salgan cosas como esta.