19/08/2021
Había una vez un señor francés con una paciencia tan grande y unos reflejos tan maravillosos que era capaz de captar maravillosas causalidades en sólo un instante, el decisivo.
Su nombre era Cartier-Bresson, Henri para los amigos.
Él decía que
“Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”.
Mi yo veinteañera aprendió mucho de observar en bucle sus imágenes.
Viví esa época tan apasionada por el fotoperiodismo, que era capaz de todo por conseguir captar ese momento; el decisivo.
Esa Nei estaba muy presente, pero sólo en ese instante, en el de la foto.
El resto del tiempo lo pasaba en cualquier otro tiempo verbal.
Cierto día entendí que la vida no iba tanto de captar intensamente un instante para luego admirarlo en una imagen; sino de dejar de mirar la vida tras una pantalla para vivir cada uno de los momentos que la componen, de verlos, de respirarlos, de sentirlos, de abrazarlos, de compartirlos, de valorarlos y agradecerlos.
Querida fotografía, feliz, feliz en tu día.
Sigo amándote, de forma más pausada, pero amándote al fin y al cabo.
💚