21/03/2026
No basta con decir "No a la guerra" cuando la paz que se nos ofrece es la de los cementerios o la del sometimiento. Hoy asistimos a una exhibición obscena de imperialismo descarnado, donde la vida humana se ha convertido en moneda de cambio para satisfacer los delirios de grandeza y el control territorial de potencias que actúan con total impunidad.
El Eje del Atropello
La alianza tácita y explícita entre las visiones de Donald Trump y Benjamín Netanyahu representa la cara más agresiva del nacionalismo excluyente y la expansión colonial moderna:
-Netanyahu y el Etnocentrismo Violento: Bajo su mando, la política de Estado se ha transformado en una maquinaria de ocupación sistemática. Su desprecio por el derecho internacional y la soberanía de los pueblos vecinos no es "defensa", es una estrategia de aniquilación y desplazamiento que busca borrar al otro del mapa.
-Trump y el Mercantilismo Geopolítico: Su retorno a la escena política refuerza un imperialismo de "puño de hierro", donde las alianzas se basan en el saqueo de recursos y la imposición de una hegemonía que ignora cualquier ética humanitaria. Su retórica no busca el equilibrio, busca la rendición incondicional de quien no se alinee con sus intereses económicos.
El Silencio es Cómplice
Este sistema imperialista no comete errores; funciona exactamente como fue diseñado: para concentrar poder mediante la violencia. Criticar estas posturas no es una cuestión ideológica, es una obligación moral. Mientras el mundo siga tolerando que líderes mesiánicos decidan quién vive y quién muere basándose en fronteras arbitrarias y fanatismos religiosos o económicos, la humanidad seguirá sumida en la barbarie.
La paz sin justicia es solo una tregua para el opresor. Es imperativo denunciar la maquinaria bélica que alimenta estos regímenes y exigir un cese inmediato al fuego, al colonialismo y a la prepotencia de quienes se creen dueños del destino ajeno.