07/06/2026
«Cuenta la historia que tiempos otrora, en una ocasión, uno de los discípulos de Sócrates llegó en gran estado de agitación. Le dijo al filósofo que se había encontrado con uno de sus amigos y que este había hablado mal de él con gran malevolencia.
Al escuchar esto, Sócrates le pidió que se calmara. Después de pensarlo un momento, le pidió que esperara un minuto y le manifestó que antes de escuchar lo que tenía para contarle, el mensaje debía pasar por tres filtros. Si no los superaba, no sería digno de atención.
La verdad, primer filtro:
Como era costumbre en las lecciones de Sócrates, el sabio griego le formuló una pregunta a su ansioso discípulo. Dicho interrogante era: «¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es verdad?» El discípulo pensó un momento.
En realidad, no podía estar seguro de si lo que había escuchado era verdad. Todo era cuestión de perspectivas. «Entonces, no sabes si todo es cierto o no», dijo el filósofo. El discípulo tuvo que admitir que no.
La bondad, segundo filtro:
Luego, el gran maestro griego formuló una segunda pregunta: «¿Lo que vas a decirme es bueno o no?» El discípulo contestó que, por supuesto, no era nada bueno. Lo que tenía que contarle eran palabras que, a su juicio, le causarían malestar y aflicción.
Entonces, Sócrates señaló: «Vas a decirme algo malo, pero no estás totalmente seguro de que sea cierto». El discípulo admitió que así era.
La utilidad, tercer filtro:
Para terminar, Sócrates debía plantear un tercer interrogante y así lo hizo. Dijo: «¿Me va a servir de algo lo que tienes que decirme?» El discípulo dudó. En realidad, no sabía si esa información le sería de utilidad o no. Quizás solo lo distanciaría de ese amigo, pero, teniendo en cuenta que no se sabía si era verdad o no, tal vez divulgarlo no resultaba útil.
Al final, el filósofo se negó a escuchar lo que su discípulo quería decirle. «Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no es útil, ¿para qué querría saberlo?», mencionó para concluir.
La verdad, la bondad y la utilidad son los tres filtros de Sócrates. A juicio del sabio, estas son las preguntas que toda persona se debe formular antes de decir algo. La primera: «¿Estoy seguro de que lo que voy a decir es cierto?»; la segunda: «¿Lo que voy a decir es bueno?», y la tercera: «¿Es necesario decirlo?».
(Autor de la instantánea: CAJ)