Fotografías de lugares, paisajes y nubes hermosas.

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Ayudemos a Aldito...  Hoy por el, mañana  por nosotros.  Con esta rifa se está tratando mitigar los gastos de una cirugí...
12/12/2025

Ayudemos a Aldito... Hoy por el, mañana por nosotros. Con esta rifa se está tratando mitigar los gastos de una cirugía urgente. También estaremos realizando un gran Bingo solidario , en el cual estaremos jugando exquisitos platos típicos y excelentes premios sorpresa. La rifa y bingo se estará realizando el día Sábado 20 de Diciembre de 2025 en la comunidad de Ñamarín de Nabón a las 20 horas de la noche en la residencia de Aldo Poma. Cualquier información para colaboraciónes pueden pedir por mensaje vía wattssap para enviar datos , al 0967155551.

11/12/2025

EL ALBERGUE DE MAGIE

En una fría y oscura noche, cinco niños huérfanos, cuyas edades no superaban los 12 años, vagaban por las calles de una ciudad que parecía olvidada por la luz del sol. Los vientos aullaban entre los edificios ruinosos, y la soledad les apretaba el pecho. Desde hacía tiempo, el frío no solo les calaba los huesos, sino que también alentaba un profundo miedo a lo desconocido.

Durante su caminata, divisaron a lo lejos un edificio que parecía diferente. Sus ventanas estaban iluminadas con una luz cálida, prometedora. Se acercaron cautelosos y vieron un letrero que decía "El Albergue de Magie". Sin dudarlo, empujaron la puerta y entraron.

La habitación estaba decorada con colores suaves y acogedores. Una mujer de rostro amable y sonrisa dulce se les acercó. Su nombre, les dijeron, era Magie. "Bienvenidos, pequeños. Estaba esperando por ustedes", les dijo con una voz tan suave como el terciopelo. Les ofreció una cena deliciosa: sopa humeante, pan crujiente y frutas frescas. Mientras los niños comían, sintieron una mezcla de calidez y un ligero escalofrío, como si en la casa viviera un eco del pasado. Pero el hambre superó a cualquier otro sentimiento, y se deleitaron en la comida.

Después de la cena, Magie les entregó ropa limpia y les mostró una habitación con camas suaves y acogedoras. "Descansen bien, mañana será un nuevo día", les susurró mientras apagaba las luces. Los niños se acurrucaron en las camas, dejando que el sueño se posara sobre ellos como una suave manta.

A la mañana siguiente, se despertaron con un rayo de luz que entraba por la ventana. En la mesa, encontraron una nota escrita con una caligrafía delicada: "Cuiden este lugar y den cobijo a quien no lo tenga". Firmado simplemente como "Magie". Pero lo que realmente les sorprendió fue el detalle que les heló la sangre: junto a la nota había una foto de Magie con una sonrisa que iluminaba su rostro, y justo debajo, una inscripción que decía: "Fallecida el 1 de enero de 2022".

Los niños se miraron entre sí, una mezcla de confusión y asombro en sus ojos. "¿Qué significa esto?", preguntó uno de ellos con un hilo de voz. Decidieron buscar respuestas. Salieron de la habitación y comenzaron a explorar el albergue, que pareció expandirse a medida que recorrían sus pasillos. Todos manchados y descoloridos; era notable que nadie había estado ahí por mucho tiempo.

Los cinco amigos se sintieron atraídos por el lugar porque al fin tenían un techo donde vivir, sintiendo que el miedo se desvanecía por completo.

Ese mismo día llega una niña sin hogar y dice entre por qué los vi aquí hace mucho que: "Magie murió, ella siempre cuidaba de todos". Nos daba refugio cuando lo necesitábamos". Con esas palabras, comprendieron que el albergue era un refugio para los niños sin hogar como ellos. Y que Magie era un ángel y tenían que hacer lo que pidió, dar refugio a los chicos sin hogar, pero por ahora solo ellos les podían dar techo, donde pasar el frío.

Al final del día, otra vez vieron a Magie; su sonrisa nunca había sido más cálida. "Siempre tienen que ayudar a los que lo necesiten", dijo, y mientras hablaba, una suave brisa les rodeó, llevando un destello de luz a través de la habitación e iluminó un pequeño cofre polvoriento debajo de la cama. El cual estaba lleno de dinero...

Magie desapareció con una sonrisa.

Los niños sabían que eran afortunados de haber encontrado un hogar, no solo en el albergue, sino también en el corazón de Magie. Nunca se sintieron solos nuevamente; sabían que el amor y la bondad podían trascender incluso más allá de la muerte. Desde ese día, cuidaron el albergue; con el dinero lo pintaron, compraron comida y, cada vez que un nuevo niño llegaba, les ofrecían la bienvenida que ellos una vez recibieron, recordando siempre el mensaje de la dulce mujer que les mostró el verdadero significado de la familia.

Y así, pasaron los años. Los 5 amigos ya adultos siguieron recibiendo y dando un plato caliente a quien lo necesite en la fría ciudad. El Albergue de Magie se convirtió en un faro de luz y esperanza, un lugar donde los corazones solitarios encontraban calor, no solo en su interior, sino también en la comunidad que juntos habían creado.

Autor: Dolly M.

Todos los derechos reservados para HISTORIAS Y LEYENDAS.

11/12/2025

NUNCA TE DUERMAS CON EL CABELLO MOJADO. Créditos para Sonia López Guzmán.

Juliana acostumbraba a lavar su cabello en la noche y después lo secaba pacientemente, disfrutando del aroma a flores que dejaba el champú. Era una rutina sagrada que le ofrecía un momento de tranquilidad antes de deslizarse en el mundo de los sueños. Sin embargo, una noche, la fatiga de su día la venció. Al terminar de lavar su cabello, sintió que sus párpados se volvían pesados y decidió que sería mejor dormir sin secarlo. Se acomodó en su cama, dejando su largo cabello caer suavemente hacia el lado, con la esperanza de que en la mañana amanecería fresco y seco.

Mientras Juliana intentaba conciliar el sueño, mientras la oscuridad la envolvía como una suave manta, sintió algo extraño. Una delicada brisa jugueteó con su cabello, haciéndolo danzar suavemente. Al principio, la sensación era placentera. Sin embargo, a medida que su sueño se volvía más profundo, un escalofrío recorrió su espalda. Recordó que esa noche estaba sola en casa.

De repente, sintió que algo acariciaba su cabello con delicadeza. Se embargó de un incomprensible terror al recordar las historias que su abuela le había contado sobre los duendes. De pequeña, solían reírse de esas leyendas acerca de los seres traviesos que robaban los cabellos de las jóvenes para usarlos como hilos mágicos en sus trampas. “Si te vas a dormir con el cabello mojado, los duendes secarán tu cabello; si sientes una leve brisa y que lo acarician, nunca abras los ojos, porque te llevarán para desposarte... nunca jamás grites”, susurraba la voz de su abuela en su mente.

Juliana estaba paralizada. Aunque su corazón latía con fuerza, trató de maniobrar su mente. Sabía que debía actuar con cautela. Si se dejaba llevar por el pánico y abría los ojos o gritaba, podría caer en sus manos.

Un silencio profundo invadió su habitación, interrumpido solo por el susurro suave que parecía venir del aire. La caricia se volvía más insistente, como si el duende intentara despeinarla, jugar con su cabello como lo haría un niño travieso en una tarde de verano. Juliana luchaba por mantener su calma, recordando las palabras de su abuela. Decidió permanecer rígida y fingir que aún dormía, confiando en que los duendes no la llevarían, o que simplemente no fuera real, pero no quería averiguarlo por ahora.

El aire se volvió más denso, y Juliana pudo sentir cómo la brisa comenzaba a desvanecerse. Las caricias también se hacían más suaves, como si el duende, al darse cuenta de que no iba a abrir los ojos, perdiera interés. En su mente, la joven invocó su deseo más profundo: regresar a la tranquilidad de su sueño y despertar al día siguiente libre de la extraña presencia.

Después de lo que pareció una eternidad, sintió que la presión en su cabello se disipó por completo. La habitación volvió a ser silenciosa y la oscuridad se sentía menos amenazadora. Fue en ese momento cuando por fin se atrevió a abrir un ojo, medio temiendo lo que vería. No había nada; el cuarto estaba tranquilo y, para su alivio, seguía sola.

Con un suspiro de alivio, Juliana se sentó en su cama. La experiencia había sido aterradora; sería real o no, pero su cabello estaba totalmente seco. Aquella noche aprendió a vivir con el misterio de lo desconocido, sintiendo una conexión renovada con las leyendas que su abuela le contaba. Con una sonrisa, se ató el cabello en una trenza, sabiendo que, aunque los duendes podían ser traviesos, su espíritu sería siempre más fuerte.

Autora Dolly M.

Todos los derechos reservados para HISTORIAS Y LEYENDAS.

11/12/2025
11/12/2025

AMOR FELINO .🐈‍⬛

©️ Eladia Mesa _ Espiral de Misterio . Todos los derechos reservados.

De niña siempre tuve una atracción por los gatos, pero mis padres los detestaban , así que nunca me permitieron tener uno como mascota . Cuando terminé mis estudios en la universidad renté un apartamento para independizarme , aunque era a p***s a unas cuadras de mi casa natal.

Una tarde, mientras recorría la plaza lo encontré ,temblando de frío y hambriento, en un bote de basura. Sus ojos grises me miraron con una ternura irresistible y supe que seríamos inseparables . Lo envolví en un pedazo de tela y lo llevé a mi apartamento. Le bauticé como Amadeus y pareció agradarle, lo digo por el maullido y la caricia en los pies que me dió cuando lo llamé por primera vez. Amadeus se convirtió más que en una mascota, en un fiel compañero y debo decir que intuía algo especial en él: escuchaba mis confidencias con una atención como si me entendiera , si estaba triste acariciaba mis piernas, rozando su peludo cuerpo ,y luego me miraba como si esperara saber que su caricia me hacía sentir mejor y yo , en medio de mi soledad, me sentía acompañada, aunque solo fuera un gato. Comíamos juntos, paseábamos , tomábamos el sol , siempre juntos.
Se comenzó a acurrucar a mi lado en la cama y lo dejé, desde entonces también dormíamos juntos.

Una noche sentí unos lamidos suaves en mis muslos y me levanté sobresaltada . Nunca mi gato había actuado en esa forma y cuando lo intenté bajar de la cama se tornó agresivo. Tuve miedo de este comportamiento, pues había escuchado algunas historias aterradoras sobre gatos que se ¿enamoran? de humanos. Al amanecer llamé a un taxi y con un n**o en la garganta, metí a Amadeus en una bolsa, le pagué al conductor y le pedí que lo dejara en otra ciudad: " por favor, póngalo donde alguien pueda adoptarlo ", le supliqué al taxista mientras dos lágrimas empañaban mis ojos.

Los días transcurrieron con naturalidad, salvo porque mi soledad se hizo mayor y la nostalgia por Amadeus me destrozaba el corazón. No podía dejar de imaginar que habría sido de él, si había encontrado un nuevo dueño o si vagaba por las calles hambriento ; él me había acompañado en mis peores días y yo me había deshecho de él solo por intentar acariciarme . Me sentí un monstruo .

Pasada una semana conocí a Enrique, un joven apuesto y divertido que se había mudado nuevo para el edificio. La conexión fue instantánea y empezamos una amistad que pasó a ser un lindo noviazgo y luego más. Invité a Enrique a mi apartamento y terminamos en la cama. La racha de soledad había terminado para mi y me sentía por las nubes, El recuerdo de Amadeus se fue disipando poco a poco. Le pedí a mi novio que se viniera a vivir conmigo y así lo hizo.

Todo marchaba de maravilla, a pesar de que Enrique me manifestó varias veces sobre la sensación de una presencia y de ser observado constantemente : _ no te preocupes amor - le dije _ aquí solo estamos tu y yo .
Un domingo en la mañana salí a hacer unas compras para el almuerzo. Mi amado novio se quedó en casa durmiendo un poco más. Cuando llegué me sorprendió que Enrique no se hubiera levantado aún y me dirigí a la habitación para hacerle una broma. Un profundo horror se reveló ante mis ojos al abrir la puerta: sobre la cama yacía el cuerpo inmóvil de mi novio en un charco de s@ngr€ . Tenía marcas en el cuello: una herida sobre la aorta, al parecer provocada por las garras de un animal y su mi€mbr0 había sido arrancado .El terror se incrementó cuando miré a la ventana y Vi a aquel felino , aunque estaba sucio y desgreñado pude reconocer los ojos grises que me miraban con reproche . Relamió la s@ngre de sus bigotes y sin darme tiempo ni siquiera de gritar se abalanzó sobre mí...

Todo acabó para mí y para Enrique. Sin embargo no consigo odiarlo . Antes de que mi alma dejara mi cuerpo definitivamente pude ver como el gato saltó por la ventana y se escuchó el rechinar de las ruedas de un auto...
No ha querido separarse de mi y en este mundo de sombras me sigue acompañando, como uno de esos amores extraños y destinados a la eternidad.


11/12/2025

LA CHICA QUE APARECIÓ EN EL CAMINO

La carretera entre los pueblos era estrecha, sinuosa y notoriamente solitaria después del anochecer. Yo la conocía como la palma de mi mano, pues la recorría cada fin de semana para visitar a mi familia. Pero esa noche de niebla espesa, todo cambió.

Iba manejando despacio, los faros luchando por penetrar la bruma gris que se aferraba al asfalto. No había luna. No se veían estrellas. Solo el tunel de luz frente a mí y el zumbido del motor. Fue entonces cuando la vi.

Apareció de la nada, justo en medio del camino, a unos cincuenta metros. Una joven, no mayor de veinte años, vestida con un simple vestido blanco que contrastaba brutalmente con la oscuridad. No hacía señal alguna. No intentaba cruzar. Solo estaba allí, de pie, inmóvil, mirando fijamente hacia el auto.

Pisé el freno a fondo. El auto patinó sobre el asfalto húmedo, deteniéndose a escasos metros de ella. Mi corazón latía con fuerza. Bajé la ventanilla.

—¿Estás bien? —grité, con voz entrecortada por el susto—. ¿Necesitas ayuda?

Ella no respondió. No pareció siquiera escucharme. Sus ojos, grandes y oscuros, estaban fijos en mí, pero vacíos, como si miraran a través de mí, hacia algo que yo no podía ver. Su piel era pálida, casi luminosa en la niebla.

—¡Sube! ¡Te llevo! —insistí, sintiendo una urgencia repentina. No podía dejarla allí, en medio de la nada, con esa niebla y ese frío.

Ella, muy lentamente, movió la cabeza de lado a lado. Un gesto leve, casi imperceptible. Un "no". Y entonces, dio un paso hacia atrás, desapareciendo en la cortina de niebla como si se la hubiera tragado la noche.

Salí del auto corriendo. —¡Espera!

Pero no había nadie. La carretera estaba vacía en ambas direcciones. No había arbustos altos donde esconderse, ni desvíos cercanos. Solo la carretera recta flanqueada por campos abiertos. Era imposible.

Temblando, volví al auto. Durante el resto del camino, no pude sacarme su imagen de la cabeza. Esa palidez. Esa mirada vacía. La reporté a la policía al llegar al pueblo, pero me miraron con lástima. "La niebla juega malas pasadas", dijeron.

Una semana después, revisando periódicos viejos en la biblioteca del pueblo, encontré una noticia. Hacía exactamente diez años, una joven estudiante había desaparecido en esa misma carretera. Iba vestida con un vestido blanco. Su cuerpo nunca fue encontrado. La última persona que la vio fue un conductor que pasó por allí, quien dijo que la había visto parada al borde del camino, como si esperara a alguien.

Ahora, cada vez que conduzco de noche por esa carretera, reduzco la velocidad en ese tramo. Y a veces, en los reflejos del parabrisas, creo ver una figura pálida y un vestido blanco desvaneciéndose en la niebla. No me detengo. Sé que no está pidiendo un aventón. Está esperando que alguien recuerde. Porque algunos fantasmas no aparecen para asustar, sino para que su historia no desaparezca en la bruma del olvido.

ADAPTADA POR ☠️ RODRÍGUEZ BRYANS 💀

11/12/2025

HISTORIA:🤰👶 “cuida a una mujer cuando a luz"

Dicen que cuando una mujer da a luz…
nunca debes dejarla sola la primera noche.
Porque la muerte, dicen, suele visitarla.

Esto pasó en un caserío alejado, entre cerros fríos y caminos que casi nadie transita.

Juana acababa de tener a su bebé.
Estaba débil, pero feliz.
Su esposo había salido a buscar a la partera y un poco de comida,
y su madre —agotada— se quedó dormida junto al fuego.

Juana se quedó sola.

Afuera, la neblina era tan espesa que apagaba incluso el sonido.
Pero dentro de la casa todo parecía tranquilo…
hasta que Juana sintió que alguien la estaba mirando.

Abrió los ojos.
Y allí, al pie de su cama, vio una figura.

Alta.
Extremadamente delgada.
Con un cuerpo del color de la ceniza húmeda.

La figura no respiraba.
No parpadeaba.
Solo la observaba.

—Has traído nueva vida…
—susurró sin mover la boca—
ahora me toca llevarme otra.

Juana quiso gritar, pero su voz no salió.
Intentó levantarse, pero su cuerpo no le reaccionaba:
estaba paralizada.

La figura comenzó a acercarse.
Lenta.
Tan lenta que parecía flotar.

En su mano llevaba una sábana negra.

—Para envolverla —dijo—
como a los mu***os.

Juana sintió un frío que le raspó los huesos.

Pero entonces… algo brilló en la oscuridad.
Un filo.
Su madre, como dicta la costumbre, había dejado un cuchillo bajo la almohada para protegerla.

El cuchillo cayó al suelo con un golpe seco.

Y la figura dejó escapar un chillido espantoso,
como si el metal la hubiera quemado.

Después… desapareció.
Se deshizo en el aire, como humo arrancado por el viento.

Cuando su esposo regresó, encontró a Juana pálida, temblando,
abrazando a su bebé como si fuera lo único que la mantenía con vida.

Desde esa noche, en ese caserío, repiten lo mismo:

La primera noche después de nacer un niño…
nunca dejes sola a la madre.
La muerte siempre está al acecho.

11/12/2025

LA APARICIÓN EN EL RÍO.

Tresa y Lucía, dos hermanas que trabajaban arduamente en la finca de café que su familia había cultivado por generaciones. Desde que eran pequeñas, habían aprendido a amar la naturaleza y el esfuerzo que requería el campo. Cada día, al terminar su jornada, sentían la satisfacción de haber dado lo mejor de sí en la recolección de los granos de café.

Una tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas y el cielo se teñía de un hermoso color anaranjado, decidieron darse un merecido chapuzón en el río cercano. El agua clara y fresca las invitaba a sumergirse, y entre risas y juegos, sintieron cómo la tensión de la jornada desaparecía.

Sin embargo, el brillo del sol se fue desvaneciendo rápidamente, y el ambiente que antes era alegre comenzó a tornarse inquietante. Mientras disfrutaban del agua, notaron a lo lejos dos figuras que se acercaban lentamente. Eran hombres vestidos con largas batas negras que parecían fluir como sombras en la penumbra. Solo sus ojos resplandecían, brillando con un destello que helaba la sangre.

Teresa y Lucía se miraron, y un escalofrío recorrió sus espinas dorsales. No había rastro de ruido, solo un silencio profundo que absorbía todos los sonidos del río. El miedo les apretó el corazón, y se abrazaron con fuerza, sin dejar de observar a las inquietantes figuras que permanecían en su lugar, inmóviles y silenciosas.

—¿Quiénes son? —susurró Lucía, su voz temblorosa ap***s audible.

—No lo sé —respondió Teresa, con la mirada fija en aquellos dos seres oscuros—. Pero debemos irnos.

Las hermanas comenzaron a retroceder lentamente, pero el miedo las paralizaba. En un intento de calmarse, cerraron los ojos y comenzaron a rezar en voz baja. Fue entonces cuando, de forma inverosímil, las figuras comenzaron a desvanecerse, como si la oscuridad misma las estuviera engullendo.

Abrieron los ojos y, para su asombro, las figuras ya no estaban, como si nunca hubieran estado allí. El silencio fue reemplazado por el suave murmullo del río, pero la calma no trajo consuelo. Se apresuraron a salir del agua y a vestirse, inquietas y aún temblando.

Al regresar a casa, intentaron olvidar lo sucedido, pero una sensación de inquietud las acompañó.

Aunque se sintieron aliviadas, sabían que nunca volverían a disfrutar de sus aguas sin recordar lo sucedido.

Desde aquel día, Teresa y Lucía nunca más vieron esos seres, y continuaron su labor en el campo, pero el río, con su murmullo hipnótico, siempre les recordaría la delgada línea entre la luz y la oscuridad.

Autora Dolly M.

Todos los derechos reservados para HISTORIAS Y LEYENDAS.

11/12/2025

BAILE DE MÁSCARAS

Lucía estaba emocionada. Había sido invitada a una fiesta de máscaras en una casona antigua al lado de un pantano. Sus amigas, Corina y Sofía, pasaron a recogerla. El ambiente en el auto era festivo; las risas y las canciones llenaban el aire mientras se acercaban a su destino. La luna brillaba en el cielo claro, iluminando el camino serpenteante hacia la casa.

Al llegar, el espectáculo era impresionante. La casona, cubierta de enredaderas, estaba decorada con luces tenues y un aire misterioso. Las personas, todas enmascaradas, bailaban y conversaban bajo el influjo de una música hipnótica que parecía provenir de algún lugar profundo de la casa. Lucía sintió una mezcla de emoción y nerviosismo, pero el espíritu de la fiesta la atrajo sin remedio.

Mientras se adentraban en la multitud, las tres amigas se dividieron para explorar. Lucía, intrigada, siguió a un grupo de personas que se dirigían a una habitación del fondo. Al cruzar el umbral, la atmósfera cambió drásticamente. Las risas se apagaron y la música se tornó oscura. En el centro de la habitación, un altar estaba adornado con velas y símbolos extraños.

Súbitamente, las máscaras comenzaron a caer, una tras otra, revelando rostros de personas conocidas por Lucía, pero cuyos ojos reflejaban una profundidad insospechada. Eran integrantes de un culto satánico. El pánico hizo eco en su pecho cuando reconoció a algunos de sus compañeros de escuela, mostrando sonrisas ensanchadas que no eran sino burlas veladas.

“¡Es un sacrificio!”, gritó alguien en la multitud, mientras las luces parpadeaban y el murmullo crecía como una tormenta. Lucía sintió que el tiempo se detenía. Sin pensar, comenzó a correr, buscando la salida, mientras el horror de la revelación se adentraba en su mente. Corina y Sofía la siguieron, pero la multitud se arremolinó, y Lucía se dio cuenta, aterrorizada, de que sus amigas estaban atrapadas.

Al salir de la casa, el aire fresco del pantano le dio un breve respiro. Sin embargo, el sonido de pasos en la distancia la alertó de que no estaba a salvo. Las sombras danzaban a su alrededor mientras ella se precipitaba hacia el agua turbia. Sin pensar, se deslizó entre las cañas, intentando ocultarse de los miembros del culto que la perseguían.

El pantano, aunque frío y traicionero, era su única esperanza. Dejó escapar un grito desesperado, buscando a quien pudiera escucharla. “¡Ayuda! ¡Por favor, ayuden!” La densa neblina del pantano la envolvía, haciéndola sentir como si estuviera atrapada en un sueño del que no podía despertar.

Pero justo cuando la desolación comenzaba a apoderarse de ella, un suave olor a podredumbre emergió del agua, transformando la oscuridad en un paisaje aterrador. Lucía corría por ese pantano escuchando detrás de ella... Que se estaba muriendo de frío cuando estaba a punto de darse por vencida, vio un destello de luz entre los árboles chuecos del pantano, hasta que, finalmente, logró alcanzar la senda de tierra firme. Sin mirar atrás, corrió hacia la carretera, donde la luz de un coche se acercaba. Ella levantó la mano, desesperada, y el vehículo se detuvo bruscamente. Era una planpatrulla del camino.

“¡Ayúdame! Mis amigas están en peligro”, suplicó, mientras los recuerdos del culto la asaltaban llenándola de pavor.

El oficial la llevó a la estación, donde logró contar su historia. Juntos a más policías regresaron a la casona, ahora vacía y oscura. Con la ayuda de las autoridades, rescataron a Clara y Sofía, quienes habían quedado atrapadas en la trampa del culto.

Al reunirse, las tres amigas se abrazaron, temblorosas, pero agradecidas de estar juntas. Lucía miró hacia el pantano, donde el agua aún resplandecía tímidamente, como recordándole que siempre habría una luz, incluso en los lugares más inhóspitos.

Autor: Juan Diego S. M.

Todos los derechos reservados para HISTORIAS Y LEYENDAS.

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