14/05/2026
Claramente, este país está envenenado por el fanatismo político, por la violencia política y, lo que es peor, por personas que se escudan en discursos de respeto, sabiduría y virtud.
Con la muerte de Germán Vargas Lleras, y recordando casos como los de Miguel Uribe, Rodolfo Hernández y Piedad Córdoba, entre otros, sin distinguir colores o procedencias políticas, confirmo que este país, frente a su cultura política, es totalmente inviable.
Respondemos con odio, repulsión y burla ante la muerte y la tragedia, y reaccionamos de la misma manera, generando un caos interminable.
Y sin pelos en la lengua, sin ser el “tibio” que muchos dicen que soy, me deja pensando una parte de la izquierda y del progresismo, incluso seguidores míos, claro está, porque también reconozco que en mis círculos sociales hay petristas y progresistas pensantes, con criterio y un mínimo de objetividad. Hablo de ese sector radical que cree que el mundo les pertenece, que el conocimiento es únicamente suyo y que la verdad absoluta está de su lado; que todo lo demás es basura, enemigo o desecho.
A esa gente le digo: aquí no solo se trata de responder desde nuestras propias condiciones o posturas. También hay que saber escuchar, saber hablar y, en ocasiones, saber callar, independientemente de quién esté al frente criticando o contradiciendo.
Ese sector radical cree que con esas actitudes se convertirá en prócer de la nación, cuando la historia demuestra que siempre existirán distintas visiones, distintos matices, un blanco y un negro.
Muestren ejemplo. Aquí no estoy criticando ideales; cada ideal tiene detrás una historia de lucha, esfuerzo y conocimiento. Pero sepan enaltecerlo con respeto, carácter y humildad.
Ese fanatismo hediondo es uno de los principales detonantes de la violencia del otro lado. No ayuda a avanzar, a conversar, a construir ejemplo ni sabiduría; ni siquiera a intentar sostener una posición con altura, así la contraparte sea vista como el peor demonio que acabó con el país.
En la historia, muchas ideas se construyeron con sangre y revolución. Hoy esas ideas ya existen. Lo que hace falta es sabiduría, humildad y unión para aplicarlas. Y eso es precisamente lo que menos se ve en este país.
Con esta cultura política todavía nos falta muchísimo camino por recorrer, y realmente nos tiene jodidos.
Si al menos pudiéramos conversar aceptando nuestras diferencias, este país tendría un mínimo de esperanza de cambio.... Ese cambio que muchos pregonan pero no aplican.
Feliz fin mañana.
Créditos: El Mero Tenedor