20/04/2026
“Ahí tienen su h.p casa pintada.”
La estrategia del caracol
Sergio Cabrera -1993
En ella se retrata, con ironía y crudeza, la idiosincrasia, la forma de pensar y de actuar del colombiano promedio. Hoy, esa frase no es solo una cita: es un espejo incómodo.
Un reflejo de país, pero también de nuestra industria audiovisual: una fachada que brilla por fuera mientras por dentro se sostiene sobre silencios, precariedad y miedo.
Este fin de semana, dos trabajadores del gremio del cine y la televisión en Bogotá perdieron la vida a manos de la delincuencia común. No fue un hecho aislado. Es la consecuencia de años de normalizar condiciones indignas, de priorizar presupuestos sobre personas, de callar para no quedar vetados.
¿Cuántas veces hemos aceptado rodajes en condiciones inseguras? ¿Cuántas veces hemos visto cómo se recortan costos en seguridad mientras se exige excelencia en resultados? ¿Cuántas veces personal sin preparación y mas medios de defensa que una escarapela, un chaleco, una paleta, una cinta y su integridad han tenido que asumir responsabilidades que ponen en riesgo su vida y la de todo un equipo?
Trabajamos en un país complejo, donde la seguridad no es un lujo, es una necesidad básica. Sin embargo, seguimos viendo cómo se protege más el equipo técnico que al equipo humano. Cómo el producto final vale más que la vida de quienes lo hacen posible.
Y en medio de todo esto, también hay otra realidad: la del ego, la apariencia, la necesidad de pertenecer. Una industria donde muchas veces pesa más la farándula, la moda, el reconocimiento, el estar y el pertenecer que el bienestar, la estabilidad y la dignidad de quienes la construyen. Una carrera que, si no se cuestiona, puede alejarnos de nuestra esencia, de nuestras familias, de nuestro futuro y hasta de nuestra vida.
El problema no es solo lo que pasó. Es todo lo que hemos permitido que pase.
El silencio en el set ya no puede ser una opción. No podemos seguir aceptando que alzar la voz signifique quedarnos sin trabajo. No podemos seguir siendo cómplices, por miedo, de un sistema que nos vulnera.
Este es un llamado urgente a trabajadores, gremios, asociaciones y productoras: aprovechemos este momento doloroso para replantear lo verdaderamente importante. La vida. La dignidad. Los derechos. La seguridad de cada persona que pisa un set.
Porque ninguna escena, ningún plano, ningún proyecto vale más que una vida.
Hoy lamento profundamente la partida de nuestros colegas. Acompaño con respeto y solidaridad a sus familias, amigos y compañeros de trabajo. Que su memoria no se convierta en otro silencio más, sino en el inicio de un cambio real.