08/11/2024
La persistencia, la mirada y la conciencia
Persistir es la pulsión primigenia, el impulso esencial que subyace a toda existencia. Es el primer y último acto de lo que existe, el latido inicial que marca el comienzo de un ser y el eco final que se niega a desvanecerse.
Aquí, las cosas: una silla, una bandera desgajada, una piedra curiosamente esférica, solitarios y diminutos en un escenario desolado.
Pero ¿existen estos objetos en sí mismos, o son meras posiciones en una red de significados, definidas por sus diferencias y relaciones? Testigos silenciosos de una lucha muda contra el olvido.
La silla es más que un lugar donde alguien alguna vez pudo sentarse; es la espera infinita, el símbolo de una presencia ausente que aún mantiene su lugar. En su quietud, representa la persistencia misma, el acto de estar allí, de resistir en medio de la nada, como si al permanecer, incluso sin un ocupante, afirmara el valor de la resistencia muda contra el vacío.
La bandera es un punto de referencia, una señal en medio del desierto de lo desconocido. Pero también, tal vez, es el acto de capitular, un signo de paz o de rendición. Flotando en un espacio donde no hay otro al que rendirse, ni fuerza alguna a la cual resistirse, la bandera se convierte en un símbolo ambiguo: ¿es la afirmación de que aquí hubo un propósito, o la aceptación de que no hay lucha posible? Es la paradoja de la persistencia en un universo sin testigos, una marca de identidad en un espacio que podría no requerirla.
Y, por último, está la esfera, consistente y masiva. En su forma cerrada y densa, es el peso de la realidad misma, un recordatorio de lo inmutable en medio de lo intangible. La esfera parece ser el corazón del escenario, una presencia que contrasta con la fragilidad de la silla y la bandera. Es la solidez en un universo que, de otro modo, parece difuminarse en abstracciones. La esfera persiste no por la espera ni por el significado que se le pueda dar, sino por su masa, su gravedad interna que atrae y ancla. Es la representación de aquello que, simplemente, es, sin necesidad de explicación, la esencia de lo que permanece por sí mismo.
Y ahora, el que mira…
¿Es aquí la mirada una intromis