Luego de suspender mis oficios de fotógrafa durante mis estudios de Antropología, me encontré retomando las prácticas fotográficas. Buscando, desde una nueva perspectiva, una síntesis de miradas. Mis padres, Gustavo y Claudia, han sido de gran influencia en mi vida y sin que ellos lo supieran me han ayudado a encontrar una forma de vivir la misma. Desde demasiado pequeña mi padre, Gustavo, sociólo
go errante me ha acompañado en la hermenéutica de los hechos más cotidianos que me circundaban. Juntos jugábamos a suspender el tiempo para mirar, atravesar y rebasar la superficie en busca de una arqueología de las cosas más mundanas. Juntos y casi sin saberlo -aunque empiezo a sospechar que algo él se traía- viajábamos en ese presente infinito donde pasado y futuro se amalgamaban. Claudia, mi madre, docente y artista, me ha iniciado en la exploración de los límites y posibilidades de diversos materiales y soportes artísticos. El color, las texturas, los silencios visuales, el modo en que miramos y re-presentamos. Y lo más importante, la enormidad de la sutileza. Fue mi madre quien siempre me ha recordado la belleza de las primeras formas en que nos vinculamos con el mundo desde nuestra infancia. La complejidad pedagógica del juego y el eterno retorno a las formas más sencillas de expresión humana. Es en la tensión entre mis legados sociales y andares personales, en los intersticios entre mi yo actor y mi yo espectador, en la tensión inherente entre la representación visual como documento sociohistórico y medio de expresión artística, en esa tensión encarnada entre mi ser fotógrafa y mi ser antropóloga. Es en esa tensión permanente que comienzo a esbozar mi mirada y un modo de vivir mi síntesis. Es en esa tensión donde nace y se desarrolla esta nueva búsqueda de desparramarse al mundo en forma de arte. Magdalena Aquino, abril del 2013