31/05/2017
EL CRISTIANISMO DE CRISTO
La Iglesia del Nuevo Testamento tiene “distinción” de ministerios, tales como apóstol, profeta, evangelista, pastores y maestros; pero no basada sobre posiciones de jerarquía y liderazgo, sino de funciones.
“Y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas;
a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
a fin de perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
hasta que todos lleguemos a la unidad de la Fe y del
conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto,
a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por
doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema
de hombres que para engañar emplean con astucia las
artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en
amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza,
esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado
y unido entre sí por todas las coyunturas que se
ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose
en amor.” (Efesios 4:11-16)
Perdimos el pelo, no las mañas…
Nuestra realidad como Iglesia se asemeja mucho a la iglesia católica donde hay una gran distancia entre el clero y el laico. Como si hubiera “hombres sagrados”.
“El viejo hombre es el fundador de la religión organizada. La religión organizada se construye sobre rituales y jerarquías humanas. Por contraste, el cristianismo comenzó siendo orgánico. Pero con el paso del tiempo, adoptó la estructura jerárquica del Imperio Romano. Todas nuestras denominaciones han adoptado la misma estructura organizacional. Esa estructura se puede trazar hasta el viejo hombre. Originalmente provino de los babilonios y luego fue pasada a las otras culturas, incluyendo la romana. El nuevo hombre es un organismo espiritual, no una organización institucional. Es un cuerpo orgánico. Por lo tanto, el eterno propósito de Dios está envuelto en la creación del hombre nuevo.” (Frank Viola)
El nuevo pacto a través de Jesucristo coloca énfasis en las funciones y no en oficios. ¡Enfatiza más la tarea que los títulos! Es decir, enfatiza más en los verbos que en los sustantivos.
Es hora de entender que somos sacerdotes para con Dios y con la gente y fuimos llamados para tener comunión con Él y edificarnos
mutuamente de acuerdo a las funciones y dones que cada
uno ha recibido.
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis
las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas
a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9)
“Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a Él
sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. ¡Amén!
(Apocalipsis 1:6)
“Cuando volvemos a la Palabra de Dios y la leemos de
nuevo, vemos que la profesión clerical aparece como
resultado de nuestra cultura humana y la historia, y
no del propósito de Dios para la Iglesia. Es simplemente
imposible construir una justificación bíblica defendible
para la institución del clero tal como lo conocemos.”
(Christian Smith)
La Iglesia, en su mayoría, carece del modelo original de aquellos primeros cristianos que “trastornaron” al mundo de por aquel entonces. El sentido de comunidad era una realidad que se respiraba a diario entre aquellas personas que iban llegando conforme
a lo que Dios iba añadiendo. El formato de Iglesia de hoy nada
tiene que ver con aquellos primeros pasos. Verticalista, posicional, jerárquica y estructurada; es la evidencia de la manipulación del hombre que ha perdido la dirección del Espíritu y ha sido
conducido por tradiciones que no nacen de Dios, sino de una naturaleza caída del hombre que busca revancha dentro de nuestras filas habiendo fracasado en su antigua manera de vivir.
Es por eso que encontramos dentro de nuestras comunidades
tantos celos, divisiones, pleitos, competencia. Todo fruto de un
formato que nada tiene que ver con la Iglesia de Jesucristo.
Llegamos a Cristo para redimir nuestra antigua manera de vivir y dejar de lado nuestras ansias de realización personal y ser adoptados como hijos y parte de una familia donde quien manda y dirige es Él.
¡Despierta Iglesia!
“El sistema clerical moderno constituye un aparato religioso
que no tiene bases bíblicas. Este sistema llevó
al cuerpo de Cristo a convertirse en una audiencia,
debido a que se apoya fuertemente en un único líder.
Transformó a la Iglesia en un lugar en el que los cristianos
observan cómo actúan los profesionales. Cambió
la Santa Congregación en un centro para el uso
profesional del púlpito, sustentado por espectadores
laicos.” (Frank Viola)
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de
ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres
un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado
en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas
para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu
desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues,
celoso, y arrepiéntete.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo.
Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi
trono, así como yo he vencido, y me he sentado con
mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el
Espíritu dice a las iglesias.” (Apocalipsis 3:17-22)
Tantas veces hemos mencionado este texto acerca de invitar a
aquellos que no han recibido a Cristo en su vida, como manual
de usos y costumbres, pero el énfasis del apóstol es otro y nada tiene que ver con entregarse a Cristo, sino de devolverle el lugar que le corresponde como cabeza de la Iglesia.
Tantos modismos arraigados en nuestra cultura que hemos dejado al Señor de la obra afuera.
Es hora de invitar al Señor a que tome su lugar, y dejar de tener
nosotros el mando de “la obra”.
Si se trata de ser inteligentes, reconozcamos que separado de su dirección y no siendo maleables a su voluntad estaremos viviendo un cristianismo sin Cristo.
“El liderazgo genera competencia, el servicio compañerismo.”
Somos obreros del Señor, lo demás es otro cantar que no tiene
nada que ver con la Iglesia de Jesucristo.
¡A Él sea la Gloria!
Tomado del Libro Cristianismo Inteligente