Pájaro del alba

Pájaro del alba Un primer faro es el compartir algunos textos que están en proceso de construcción. A partir de la

16/02/2025

Hace dos semanas que deambula en un nuevo cuerpo. Se viste bien, cuidando con sutileza la combinación de los colores; se arregla el pelo, se lo desenreda y se hace peinados que nunca le resultaron simpáticos. Su método siempre fue el rodete desprolijo y así, por la vida, por la ciudad. También incorporó el maquillaje a su rutina diaria. Le cuesta mucho porque no le agrada tener que limpiarse la cara después. Le da fiaca.

Algo de ese otro cuerpo nuevo, extraño y ajeno, la conmueve. Siente una seguridad poco experimentada en su cuero original, con pretensiones de silencio. Siempre, su único deseo fue ser invisible. La mirada de los otros sobre sí misma la espanta. Cómo si sus propios ojos no fuesen lo suficientemente crueles con ella frente al espejo. El miedo la encierra en un cuarto pequeño sin ventanas y su nombre retumba en las paredes, llamándola para que se detenga, para amedrentarla y allí, se guarda en un ovillo sin luz.

El nuevo cuerpo, prestado, que reemplaza por poco tiempo, le sirve como un vehículo para salir a mirar de frente, con ojos nuevos la ciudad con nombre de río que extrañó tanto. La ciudad que le provocó llantos desproporcionados en el medio de barrios sin calma, en aquella otra ciudad inmensa que se encargó de vomitarla, como si fuese un cuerpo extraño. Buenos Aires fue lo que enfermó su cuerpo y aún le duelen mucho las esquirlas bajo la piel. Aquella ciudad metálica casi apaga sus gritos de desesperación, en una noche de ojos abiertos sin luna.

Poco se sabe del cuerpo. Mientras, sigue jugando porque es divertido ser otra, al menos por un rato, por unos días. ¿Cuánto soporta un cuerpo? Algo de todo que parecía lejano y olvidado, retornó. Sintió cómo se le expandía entre las capas, cómo se le hacía la sangre más pesada. Mirar la ciudad, su ciudad, el río, el caos cotidiano, el remanso, los recuerdos, el movimiento de los sauces y el viento en la cara... Era tiempo de despertar.

"Pregunta Kublai a Marco:–Tú que exploras a tu alrededor y ves los signos, sabrás decirme hacia cuál de esos futuros nos...
19/07/2020

"Pregunta Kublai a Marco:
–Tú que exploras a tu alrededor y ves los signos, sabrás decirme hacia cuál de esos futuros nos impulsan los vientos propicios.
–Para llegar a esos puertos no sabría trazar la ruta en la carta ni fijar la fecha de arribo. A veces me basta un retazo que se abre justo en medio de un paisaje incongruente, unas luces que afloran en la niebla, el diálogo de dos transeúntes que se encuentran en pleno trajín, para pensar que a partir de ahí
juntaré pedazo por pedazo la ciudad perfecta, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quién las recibe. Si te digo que la ciudad a la cual tiende mi viaje es discontinua en el espacio y en el tiempo, a veces rala, a veces densa, no creas que hay que dejar de buscarla. Quizás mientras nosotros hablamos está asomando, esparcida dentro de los confines de tu imperio; puedes rastrearla, pero de la manera que te he dicho.

El Gran Kan ya estaba hojeando en su atlas los mapas de las ciudades amenazadoras de las pesadillas y las maldiciones: Enoch, Babilonia, Yahóo, Butúa, Brave New World.

Dice:
–Todo es inútil, si el último fondeadero no puede sino ser la ciudad infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada, nos absorbe la corriente.

Y Polo:
–El in****no de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el in****no que habitamos todos los días, que formamos estando juntos.
Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el in****no y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer
quién y qué, en medio del in****no, no es in****no,y hacer que dure, y dejarle espacio."

Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles.

En octubre de 2019 escribí un poema (con todo lo que me cuesta la poesía) después de una extensa caminata por Puerto Mad...
27/01/2020

En octubre de 2019 escribí un poema (con todo lo que me cuesta la poesía) después de una extensa caminata por Puerto Madero, sin encontrar un rastro de mí en una ciudad monstruosa. Escribí pensando en las figuras del agua que ilustraban la falta: ese rincón de una existencia menos miserable y más feliz (si se permite el término).
Caminando entre tanto cemento, mirando un pedazo de agua encajonado y bañado de luces artificiales, Flor respiraba aire mugriento, masticaba angustias y lloraba lágrimas insípidas en el medio de la estepa más fría de la civilización.
Una vez que volviste y te descalzaste y pisaste el pasto, la tierra húmeda entre los dedos, el agua invadiendo todo y el sol dibujando en la superficie las formas de tu llanto, una vez más, el aire está limpio y en la boca solo sentís el gusto amargo del mate que recién te pasaron. Ya no estás en la estepa.

Octubre de 2019: REMANSO.

Camino calle abajo, sin registro del recorrido
Pisada liviana, un poco volátil, perdida en el ruido
Camino en busca del reflejo que me retorna,
Que me envuelve
Que me sostiene en la distancia
Que me arropa
Fui al borde de agua,
en busca del remanso que me trepaba por el estómago.
Fui a mirarme en el espejo,
arquetipo falso,
simulación de río.

Sentía en el cuerpo el movimiento anudado
la correntada arrastrando malezas
el brillo del agua recortado por el lecho enmarañado.
Sentía en el pecho, suspiro y remanso,
susurro lejano, remanso.
De cara a un fondo de cemento, paño luminoso inmóvil,
distingo la falta,
eso que está adherido a mis paredes,
el barro que late en mis pies, lecho vivo,
camalotes danzando y el festín de los bichos.

No hay paisaje que te iguale,
ni sentimiento que te resista
Sos el n**o en la garganta
que solo se desata en forma de agua,
mar de sal en las mejillas.
Paraná, espina tocando el hueso,
n**o total de la existencia
piel de tierra, ojos de agua.
Y siempre, el remanso como espejo.

Te busco desesperada entre luces y edificios,
caminatas eternas que no llegan a ningún lado,
en la noche que cruza el umbral de la ventana
y no hay estrellas
no hay horizonte de árbol,
ni un norte de agua.
Entre tanto plástico y ruido
me an**o en silencio,
sintiendo en mis pisadas
el fondo de barro
la superficie espiralada.

¿Será que sigue latiendo? Cuesta la piel despojarme de tus ojos como lunas en plena noche de verano, cuando tu rostro au...
29/11/2019

¿Será que sigue latiendo? Cuesta la piel despojarme de tus ojos como lunas en plena noche de verano, cuando tu rostro auguraba un futuro de libertades.
Reniego y no me basta; puteo hasta quedarme sin voz (porque quedé sin vos) y en el rincón más doloroso del silencio, te siento habitarme.
Ellos no lo saben, jamás podrían sospecharlo siquiera porque no te sienten. Yo sí. Sé que la luz por la caminen mis pies llega a tus manos, siempre extendidas, siempre refugio.

Voy a llegar hasta el borde perfecto de tu piel, no los voy a dejar que te arranquen de mí, me voy a llenar las manos de tierra y sangre mientras escarbo lo que ilusamente creyeron sepultar para siempre.
Mis manos hasta las tuyas, mi cuerpo hasta el tuyo, mi sangre reconociendo su amor. Mi vida entera por ese trago interminable que empezó de a dos.

REMANSO.Camino calle abajo, sin registro del recorridoPisada liviana, un poco volátil, perdida en el ruidoCamino en busc...
24/10/2019

REMANSO.

Camino calle abajo, sin registro del recorrido
Pisada liviana, un poco volátil, perdida en el ruido
Camino en busca del reflejo que me retorna,
Que me envuelve
Que me sostiene en la distancia
Que me arropa
Fui al borde de agua,
en busca del remanso que me trepaba por el estómago.
Fui a mirarme en el espejo,
arquetipo falso,
simulación de río.

Sentía en el cuerpo el movimiento anudado
la correntada arrastrando malezas
el brillo del agua recortado por el lecho enmarañado.
Sentía en el pecho, suspiro y remanso,
susurro lejano, remanso.
De cara a un fondo de cemento, paño luminoso inmóvil,
distingo la falta,
eso que está adherido a mis paredes,
el barro que late en mis pies, lecho vivo,
camalotes danzando y el festín de los bichos.

No hay paisaje que te iguale,
ni sentimiento que te resista
Sos el n**o en la garganta
que solo se desata en forma de agua,
mar de sal en las mejillas.
Paraná, espina tocando el hueso,
n**o total de la existencia
piel de tierra, ojos de agua.
Y siempre, el remanso como espejo.

Te busco desesperada entre luces y edificios,
caminatas eternas que no llegan a ningún lado,
en la noche que cruza el umbral de la ventana
y no hay estrellas
no hay horizonte de árbol,
ni un norte de agua.
Entre tanto plástico y ruido
me an**o en silencio,
sintiendo en mis pisadas
el fondo de barro
la superficie espiralada.

Trepó la oscuridad otra vez, me volví nocturna sin percibirlo. Siento como invade la baja temperatura desde la ventana a...
23/10/2019

Trepó la oscuridad otra vez, me volví nocturna sin percibirlo. Siento como invade la baja temperatura desde la ventana abierta hacia mi cuerpo horizontal y enredado.
Ya no debato por la luz ni me perturba el silencio; tan sólo me descubro tiritando de cara a la presencia perdida... Y ojala fuese frío.

Se me desgarran los nervios con tus ojos como lunas cada vez que cierro los míos deseando dormir; ojos que de tan negros brillan incandescentes. Piedras oscuras, carbón poderoso que me purifica, me obnubila, me atraviesa, y otra vez, me retuerzo de escozor en el rincón en el que no estás.
¡Arde! ¡Ardo cada vez que cruzás el umbral y me descubrís así, desnuda y con la mirada fija!

Ansío que vuelvas, desde mi pensamiento hasta tu cuerpo, a apoyarte en esta sed de claridad que estoy siendo; este mar arrebatado y siniestro que no es más que el deseo intenso de tu fuego. Ansío tu respiración a la par, aunque me derribe todas las defensas. Ansío tu paz dormida en unos párpados angostos desarmándome todo.
¿Sabés con qué soberana libertad te dibujaría la boca, te inventaría nuevas comisuras a besos, te gastaría la espalda a caricias?

La noche se va a desteñir mientras sigo arrebolada, enroscada, dándole vueltas a este estímulo que me recorre desde el recuerdo a las puntas de los pies, creciendo en espiral porque tus encantos no cesan.
Me habita una luna en el pecho, el cuerpo se vuelve agua tibia y otra vez, empieza el día desgarrado en el que no estás.

23/09/2019

"Recorte del tiempo,
paz total posada sobre tu existencia
expandiendo un instante poderoso.
Bajo la mirada llena de gotas
se desperdiga sin fin
la belleza de tu carne en reposo.

Contorno simple de una piel
que despierta el alma,
mi soledad ansía descubrir tu luz

Un breve pedazo de tiempo basta
para saberlo todo
para sentirlo todo."

F. G. G.

Las ventanas. ¿Cuánto puede suceder en un año? Pienso y vuelvo una vez más sobre el tiempo transcurrido. Iba a escribir ...
01/09/2019

Las ventanas.

¿Cuánto puede suceder en un año? Pienso y vuelvo una vez más sobre el tiempo transcurrido. Iba a escribir "cuántas cosas pueden pasar" y me corregí porque no me gusta darle entidad de cosa a las situaciones, a los sentimientos, a las sensaciones... ¡Cuantas S de sol, acordé dulce que me sale solito del bobo a los dedos cuando agarro la criolla!
S, qué letra de mi**da y no diré el porqué. A veces me acuerdo de él, cuando siento que todo se cae y el mundo me provoca cosas (sí, cosas) putrefactas en el cuerpo, vómitos de arena y pelo negro. Sólo a veces, lo pienso y lo enumero desde sus manos hasta mí porque me sacude. Y no desde el placer.

Basta de preámbulos inútiles. Hace un año, hoy 1° de septiembre, que vivo en Capital Federal. Primero viví en el barrio de San Cristóbal y desde febrero de este año, en Caballito. Al margen del barrio, lo que sigue es digno de un párrafo aparte.

Siempre, con Euge. Ella, horizonte de posibilidades, fuente de abrazos y amor cuando duelen los costados, compañera de mates y desvelos sentadas en pisos y ventanas. Euge, mirada cálida, manos fuertes, voz clara. Me encantaría poder describir mejor, pero las palabras se quedan cortas. Compartir casa con Euge fue una obra del azar que no quiero comprender, pero que celebro cada día nuevo que amanezco en la ciudad de la furia. Le debo mucho y le agradezco más (lejos de pensarlo desde un lugar monetario).
Hace un año, llegaba con mi mochila y ella me abría la puerta de mi nuevo hogar. Me llenó los días de plantas (como hizo mi abuela) y siempre, me pasó un mate amargo calentito. Magia.

En la vorágine, me echaron de dos trabajos (exactamente a los 3 meses, porque... Flexibilización, ¿dónde?); sentí la ferocidad de la bestia enterrando sus colmillos en mi yugular, la sangre brotando a rabiar, destiñiendo mis sueños. Volví al ruedo con el escudo en el brazo y la lanza en la mano firme. Me lo repetí como un mantra: "hasta que yo no elija morir, no vas a poder matarme"...

Hoy, primero de septiembre, primer año, primer temblor real de existencia, primer quiebre de mi cuerpo en la locura de esta ciudad... "Vos no sos, Florencia. Vos devenís" me dijo Pilar en un pasillo de la facultad, cuando estudiaba Literatura. Esa es la única y última certeza: voy siendo, en pura transformación y las ventanas son el símbolo. Algo que se abre y despliega otro paisaje, pero hay que pasar el umbral para la apertura y para cambiar pinceladas de ese paisaje hasta estar definitivamente mu**ta, hay que ponerse en movimiento. Voy abriendo mis ventanas, despojándome de los pesos de mi historia que ya no significan nada bueno (de hacer bien) e intento con toda la fuerza (y furia) de mis tripas que el bien circule de mí hacia otres; a veces me sale mal y hay que hacerse cargo de ese dolor provocado y sufrir (la S, qué letra de mi**da) las consecuencias.

Hoy sigo acá. Me debato en los rincones cuando no encuentro la luz, me disfruto tan incompleta (de tanto por tejer y escribirme) y me celebro con los ovarios de mujer, disputando sentidos en la distancia, en el amor y en el recuerdo que me llena de remansos pero que tan firme me plantó en la tierra. Algún día, escribiré mi diario de paranaense perdida en la ciudad... Ojalá, ese día llegue pronto.

Desde atrás hacia adelante,Sentirmi mano izquierda chiquita prendida a tu dedo meñiquetus manos con centímetro midiéndom...
22/07/2019

Desde atrás hacia adelante,
Sentir
mi mano izquierda chiquita prendida a tu dedo meñique
tus manos con centímetro midiéndome el cuerpo
mis bigotes de chocolatada que nacían en tus tazones
la textura de tus ovillos de lana en los dedos
el sabor de mi prueba primera de mate amargo
la alegría del ritual de los "tan-tan" después de hacer las compras
el disfrute de mi primer omelette
la originalidad de la ropa "a la moda" hecha en tu máquina de coser: minifaldas, tops y claro, vestidos.

Ser un pequeño muñeco torpe entre tus artes:
verte pintando manteles a la siesta,
hacer peluches,
coser camisas,
tejer al crochet todo lo que se te ocurriese
y a dos agujas también.

El patio en verano:
las balsosas naranjas con charcos de agua,
porque después de la siesta se baldeaba para que esté fresco.
El tereré, la radio y el parral.

Las pastas, tus manos llenas de harina y yo, trapada en la escalerita marrón,
mirando con ojos de lechuza,
hasta que me dieras un pedacito de masa
y "yo te ayudo, abue".

La primera vez que me pintaste los labios,
antes de irte a bailar al club de abuelos
y me rogaste que no le dijera a nadie que habías sido vos.
Este y tantos otros tesoros secretos entre las dos.

El llanto desconsolado cuando te ibas y no me llevabas.
La hermosura de verte bailar con las alpargatas blancas en la cocina, mientras sostenías el delantal con las puntas de los dedos, simulando balanceos.

Mis bufandas, mi habito de leer antes de dormir, la música que me emociona, tus manos siempre ahí, acompañando tu mirada sobre mí, mi pasión por cocinar, mi adicción al mate amargo, mi disfrute por la lluvia, la mirada perdida en el horizonte, mi historia fundida en esa infancia con vos.

Yo, la negra que no fue blanca,
la que bailaba entre tus cortinas,
la que se metía en todo lo que hacías,
la que te pedía que me lleves con vos siempre,
la que te miraba mu**ta de amor,
yo, nieta huérfana de tu presencia,
te reclamo porque el mundo me resulta insoportable muy seguido
desde que te fuiste de viaje,
estabas lista, lo sé.

Lo charlamos varias veces, nos prometimos muchas cosas en esas charlas cuando llegaba de cursar el profesorado y vos ya estabas en la cama.
Nos dijimos todo. Y más.
Juntas, fuimos invencibles.

Mi piel se tiñó con el color de la tierra que elegiste para hacerme brotar, crecer y florecer.
Mis ojos se volvieron agua desde que no estás.
Desde adelante hacia atrás,
te celebro en mí, todos los días.
abuela, amiga, Maruca.
Y también, carajo,
te extraño todo el tiempo.

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